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domingo, 08 de mayo de 2005

Yad Vashem abre un nuevo museo histórico

Yad Vashem abre un nuevo museo histórico

Una visita guiada por el nuevo museo del Holocausto en Yad Vashem nos muestra la inversión de un pueblo en la construcción de su propia memoria. A pes

Después de 10 años de trabajo y con una inversión de 40 millones de dólares, el 15 de marzo de este año fue inaugurado el nuevo museo de Yad Vashem. Con la presencia de importantes personalidades de Israel y del mundo, se dio apertura a un museo renovado, impactante y, por sobre todas las cosas, de significativo contenido histórico. A diferencia del museo histórico anterior, que data de los años '60 y que por consiguiente estaba diseñado de acuerdo a concepciones pasadas, el nuevo museo fue diseñado a partir del desarrollo que fue adquiriendo en estos últimos años la concepción de la memoria de la Shoá. Este importante evento relacionado con la recordación de la Shoá nos permite, una vez más, enfrentarnos a interrogantes referentes a nuestro rol en el diseño de la memoria.
Un pequeño recorrido por el museo

El edificio del nuevo museo fue diseñado por el arquitecto Moshe Safdie y consiste en un prisma triangular que se inserta dentro de la montaña. Así, la mayor parte de sus 4.200 metros cuadrados y la gran mayoría de sus galerías, se encuentran bajo tierra. Tanto la parte anterior como la posterior se encuentran en el aire representando, de alguna manera, el antes (la vida antes de la catástrofe) y el después (el sobreviviente, el Estado de Israel), dejando al período de la Shoá bajo tierra.

El visitante está obligado a pasar por cada una de las galerías, efecto que se logra con la creación de quebraduras en el piso. Éstas están marcadas muchas veces por pantallas de video u objetos que anuncian la próxima etapa, tanto histórica como del museo en sí.

En las galerías encontramos documentación, unos 90 testimonios personales, literatura, diarios escritos por diferentes personas, cartas, fotos, 280 piezas de arte y 100 pantallas de video que muestran películas y testimonios grabados especialmente para el museo. Una de las innovaciones más significativas es la de basar el relato de lo ocurrido durante aquellos años en el testimonio de las víctimas. La idea de personalizar la historia tiene un importante mensaje: cada historia personal debe y merece ser contada y, por sobre todas las cosas, es el individuo quien se encuentra en el centro de los hechos. A lo largo del recorrido nos encontraremos con diferentes historias y se nos permitirá seguir la vida de diferentes “personajes” mientras avanzamos en el relato. También encontraremos las llamadas “cajas de alemanes”. Estas cajas contienen información sobre nazis que cumplieron roles importantes en cada una de las etapas representadas en el museo. El visitante puede abrir la caja y leer sobre la persona y sus funciones.

A diferencia del viejo museo, el cual estaba dividido claramente en 5 capítulos dedicados a la política antijudía, los ghettos, el asesinato en masa, la resistencia y el final de la guerra, el nuevo museo presenta una división temática más amplia:

A diferencia del museo anterior que testimoniaba los hechos recién a partir del año 1933, la primera galería del nuevo museo está dedicada a la vida antes del inicio de la catástrofe. En está sección se proyecta un video creado por Michal Rovner, cuyo objetivo es recrear la vida que años más tarde sería destruida. Inmediatamente, al darle la espalda a este video, el visitante comenzará el viaje a través de lo que finalizó en desastre y destrucción. Además encontraremos la historia de un campo de concentración en Estonia donde fueron encontrados cuerpos de víctimas judías que llevaban en sus ropas fotos de la vida antes de la guerra. Estas fotos están presentadas al comienzo del museo y funcionan como conector: la vida a la sombra de la Shoá.

La galería que da comienzo a la parte central del museo se refiere a la política nazi y los judíos. Aquí encontramos el relato de la toma del poder por los nazis en Alemania y los mecanismos de educación y propaganda nazis entre los años 1933 y 1939.

A continuación, se halla la galería dedicada al comienzo de la guerra y el comienzo de la destrucción de los judíos de Polonia. Por primera vez se muestra en Yad Vashem la vida en Polonia antes de los ghettos.

La siguiente galería está dedicada al proceso de “ghettoización”, aquí se exhiben objetos genuinos y se presenta una ambientación acorde a la de los ghettos. Si en el museo viejo sólo estaba representado el ghetto de Varsovia, ahora se conmemoran los numerosos ghettos que fueron creados y las diferencias existentes entre ellos. Como representantes de los mismos, el museo nos cuenta sobre las respectivas particularidades de los ghettos de Lodz, Varsovia, Kovno y Theresinstadt. Esta elección responde, a mi entender, a los avances producidos en la investigación de la Shoá, que nos enseñan sobre la dificultad de generalizar y que es necesario encontrar la particularidad de cada zona, de cada ciudad y de cada persona. Esto es también parte de las trasformaciones que se registran a la hora de hacer memoria.

Otra innovación interesante se encuentra en la galería dedicada a los inicios del asesinato en masa coincidente con el comienzo de la Operación Barbarrosa. En esta sección son relatadas las ejecuciones de los judíos en la zona oriental de Galicia y Ucrania a través de la documentación sobre las actividades realizadas por una de las unidades de ejecución, Einsatzgruppe C. Por primera vez es presentado en el museo el testimonio de los asesinos. Al mismo tiempo se presentan testimonios de personas que lograron salir del horror y de este modo consiguieron comunicarle a los judíos de otras regiones lo que estaba ocurriendo.
De ovejas y héroes

La sexta galería y la más grande está dedicada a la Solución Final y la resistencia judía. Aquí encontramos documentos referentes a los campos de exterminio. En comparación con la exposición dedicada a este tema en el museo anterior, esta galería fue enriquecida con documentos, imágenes y testimonios.

Es interesante recalcar que también aquí se observa un cambio con respecto a las formas de representación. En el museo viejo, inmediatamente después de la sección de los campos, el visitante debía subir por una rampa para acceder a la sección correspondiente a los levantamientos producidos por judíos contra los alemanes. Está separación era una forma de contar una historia en donde existían víctimas indefensas que fueron llevadas como ganado al matadero y héroes que supieron defenderse.

Esta antigua concepción, si bien no ha sido disipada totalmente y todavía quedan sus marcas, ha dejado lugar a otra, un poco menos dicotómica. Es así como en el museo nuevo encontramos que la sección sobre la resistencia judía es parte de aquella que se refiere a la Solución Final. Por primera vez en el museo se presenta claramente la idea de que la decisión de levantarse finalmente contra los nazis fue producto de la resignación y la aceptación de la muerte inminente.

Inmediatamente después de esta sección, y aún dentro de la misma galería, encontramos una importante descripción sobre los transportes. En este nuevo museo están conmemorados países que anteriormente no lo estaban, como Grecia, Italia o Macedonia. Además, y como forma de “corregir” el no haber incluido en el museo viejo a Hungría en el relato de la Shoá, esta vez se le ha dedicado una pared completa a este país donde la Shoá tiene una historia muy particular. La historia de cada uno de los países está contada a través de objetos que quedaron de esa época.

Otro de los temas que fueron incluidos en el museo, y que no habían tenido lugar en el anterior es el que aparece en la séptima galería: rescate y salvación. En la primera parte de esta sección se cuestiona acerca de qué era lo que se sabía en el mundo durante este período. En contraposición con las respuestas obtenidas a dicho interrogante, la segunda parte está consagrada a los Justos de las Naciones y las posibilidades y formas de rescate. Aquí se puede contemplar la verdadera lista de Schindler. Otro tema incluido aquí es el de “judíos que salvan judíos”.

Las últimas dos galerías se refieren a la vida en los campos, a los últimos momentos de la guerra (“marcha de la muerte”) y al destino de los prisioneros luego de la liberación. Se ha hecho hincapié en la diferenciación entre campos de trabajo y campos de exterminio, diferencia que indicaba de alguna manera la de la vida y la muerte. Con el propósito de conmemorar la vida en este tipo de campos, fue restaurada una fila de tablones que funcionaban como camas para los prisioneros de los campos.

Para finalizar, y tal vez como uno de los grandes cambios conceptuales del museo, se decidió incluir el “Hall de los Nombres” como parte del museo histórico. En esta sección se presentan algunos de los miles de formularios de testimonio que fueron recolectados a lo largo de los años. Aquí se expresa a fortiori el fundamento sobre el cual está basado el nuevo museo: el individuo en el centro del relato.

El epílogo del museo se titula “Enfrentando la Pérdida”. Esta sección consiste de una obra artística confeccionada por Uri Tzaig; ésta intenta configurar la voz de las comunidades que no sobrevivieron la Shoá. Es aquí donde comienza nuestra participación en la historia, el rol de la elaboración de la memoria.

La parte final de edificio, como fuera señalado, se encuentra “en el aire”, confluye hacia un balcón que se abre ante los ojos del visitante, quien de este modo, se enfrenta a una vista panorámica de la ciudad de Jerusalem.

Reflexiones sobre la construcción de la memoria

A raíz de la apertura del nuevo museo de Yad Vashem, donde trabajo como guía en el área educativa de la institución, me surgieron ciertos interrogantes. Si bien éstos son parte integral de mi trabajo como guía y como estudiante de la Shoá en la Universidad, la apertura del nuevo museo agudizó en mí la necesidad de comprender: ¿es necesario crear un nuevo museo?, ¿no es una exageración invertir en ellos 40 millones de dólares?, ¿por qué fueron invitadas tantas personalidades del mundo a la inauguración? Y, más aún, ¿por qué es importante seguir educando, seguir relatando, seguir profundizando en este tema?

No sé si encontré respuesta a estos interrogantes, no creo que existan respuestas absolutas, unívocas, permanentes. Pero quiero compartir con ustedes algunas de las reflexiones que me suscitó la apertura del museo.

En primer lugar, debo reconocer que el museo es impresionante. Las tecnologías utilizadas, las fotos adaptadas en tamaño y calidad, los objetos elegidos, todos conforman un efectivo museo histórico. Además, el museo viejo había ya perdido, al menos en parte, cierta relevancia. Las concepciones sobre los cuales estaba basado habían quedado “ancladas” en los años '60, en los cuales la sociedad israelí no estaba aún preparada para enfrentarse en profundidad con la complejidad de la Shoá. Tuvieron que pasar cuarenta años para que el proceso que se había iniciado con el juicio a Eichmann produjera verdaderos cambios en el modo de conmemorar y pensar la Shoá. Me es importante resaltar que la colocación del testimonio individual en el centro del relato no es algo que Yad Vashem haya inventado ahora, este fenómeno se viene dando ya, por lo menos, en los últimos diez años, por ejemplo, en las transmisiones televisivas el Día de la Shoá en Israel, en los encuentros de escolares con sobrevivientes, etc. En cierto modo, podemos decir que Yad Vashem “oficializó” este síntoma convirtiéndolo ahora en el fundamento conceptual sobre el que se apoya la construcción del nuevo museo.

A pesar de la satisfacción que me produce comprobar que, efectivamente, la memoria no es algo estático, sino que se va produciendo dinámicamente a través de las generaciones, creo que tenemos que tener en cuenta algunas cosas importantes. En primer lugar, no es casual que la apertura de este museo se haya producido en nuestros días, después de que fuera construido un museo de la Shoá en Washington. Considero que para contestar -o tratar de contestar- a la pregunta sobre la conveniencia de la inversión monetaria, debe tenerse en cuenta el objetivo del museo. Si responde a las nuevas necesidades generacionales de la memoria, entonces el museo cumple su función. Esto, de cualquier modo, podrá ser constatado recién con los años.

No debemos olvidar que Yad Vashem es, de alguna manera, la voz oficial de la memoria de la Shoá. Es por esto que la forma de encarar el nuevo museo debe ser cuidada y enfocada en el área de la construcción de la memoria y de la educación. Sin cuestionar la importancia del relato individual, creo que el museo nos proporciona demasiada información, demasiadas historias particulares, demasiadas imágenes y relatos difíciles de asimilar. Pienso que con un poco menos se hubiera logrado lo mismo o algo un poco más modesto y menos espectacular.

Me preocupa pensar en una posible competencia sobre quién tiene el mejor museo, el más grande y el más impresionante y que esta competencia sea central en la tarea de hacer memoria. Creo que es fácil manipular la memoria. Sobre todo cuando se tiene los medios económicos para hacerlo. Medios que muchas veces hacen perder de vista el impacto que puede llegar a tener, por ejemplo, una maqueta sobre una cámara de gas en Auschwitz o una película que lo único que muestra es una topadora recolectando cuerpos. Creo que el rol del educador en este caso es el de acompañar al visitante en su visita al museo y que ésta no se transforme en una experiencia traumática.

Por último y continuando con el tema de la función, quiero expresar algunas inquietudes. El día jueves 7 de abril estuve presente en un coloquio realizado en el Instituto Van Leer en Jerusalem, sobre el genocidio armenio ocurrido a principios del siglo 20. Uno de los temas centrales del encuentro fue la dificultad de legitimar la existencia del genocidio armenio, tanto en el mundo como en Israel. Uno de los miembros del panel, Prof. Yair Oron, autor del libro Pacto de Negación: el genocidio del pueblo armenio e Israel, formuló algunas preguntas que son interesantes, sobre todo, después de la reciente inauguración del museo nuevo de Yad Vashem.

En primer lugar, hizo referencia al acto de inauguración del museo. Para recordar, en el acto del 15 de marzo participaron, entre otras personalidades, el presidente de Israel, Moshe Katzav, el Primer Ministro Ariel Sharón, el Secretario de la ONU, Koffie Annan, el ministro de relaciones exteriores alemán Ioshka Fisher, etc. No hubo entre los invitados extranjeros ninguno que representara al pueblo armenio, ni a los gitanos, ni a nadie de Rwanda, pueblos que sin duda corrieron un destino parecido al del pueblo judío. La lista de posibles invitados que no lo fueron es interminable. Una de las cosas que enfatizamos al enseñar la Shoá es su particularidad, no obstante lo cual tuve que enfrentarme al hecho de que Yad Vashem se ocupa exclusivamente de la Shoá (el genocidio judío) y que la representación del genocidio de otros pueblos ocupa un lugar marginal.

Si bien es importante tener en cuenta el rol de Yad Vashem como voz y responsable oficial de la memoria de la Shoá, creo que debería tenerse en cuenta algunos puntos que postula Oron. En primer lugar, es esperable que el pueblo judío, por haber vivido la Shoá, fuese más sensible con otros pueblos que han sufrido también un genocidio. Es importante recalcar que, en Israel, el tema del genocidio armenio no se incluye en los programas de educación y que políticamente existe una especie de negación de que el genocidio armenio haya existido. Y aquí el segundo planteo importante. Pareciera haber una competencia entre pueblos alrededor de qué genocidio fue peor. En vez de crear una especie de hermandad de pueblos-víctima, existe una competencia sobre el sufrimiento y la legitimidad del mismo.

En lugar de darle lugar al miedo de perder la exclusividad de la Shoá, que no nos permite abrirnos hacia otros pueblos oprimidos, la universalidad de la misma debería ser utilizada positivamente para aprender sobre otros genocidios sin dejar la particularidad del judío.

Aprovechando la apertura del nuevo museo de Yad Vashem, y comprobando por la presencia mundial que la legitimidad de la existencia de nuestro genocidio no se pone en duda, me gustaría ver a Yad Vashem enrolado en un proyecto conjunto, compartiendo la experiencia con aquellos pueblos que todavía no fueron suficientemente escuchados.
08/May/2005 18:07 GMT+1

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