martes, 11 de julio de 2006
Publicado por Desconocido @ 18:33  | ARTICULOS
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El testarazo de Zizou

Inocencio Arias

Qué imprecación ha podido deslizar el defensor italiano para que Zidane se revolviera y arremetiera con su cabeza contra el pecho de Materazzi? Algo gordo, evidentemente. ¿Le nombró a alguien de la familia? En fútbol, y con la veteranía de Zidane, no bastaría. ha tenido que oír muchos “piropos” en sus veinte años de carrera. ¿Le llamó terrorista, como sotiene la prensa inglesa? Por vesánico que sea el apelativo, tampoco debería bastar para alterar de esa forma la sangre de un campeón como Zizou.

No es la primera vez que el franco argelino es expulsado con tarjeta roja. Es la duodécima de su carrera, ya tuvo una en un Mundial, contra Arabia Saudí, y ya había agredido, en la Copa de Europa en octubre del 2000 a un jugador alemán del Hamburgo.

Pero la de ayer reviste una importancia única. Era en una final del Mundial, ¿cuántos la habrán visto, mil millones de personas que se han empapado del cabezazo del jugador? Era el Dios venerado e indiscutible del torneo y sucedía escasos minutos después de lo que ha sido probablemente la imagen más bonita de la final, el cabezazo de Zidane parado in extremis por Buffon.

Si la pelota hubiese entrado, Francia podría haber hecho un póster para la eternidad con el salto en el aire del número diez. Ahora, la imagen queda borrada por el testarazo y el penalty fallado por los galos.

El entrenador francés Domenech no aplaude a Zizou pero se queja, en Le Monde, de la severidad del árbitro. Paradójicamente, dice que “hay que ser árbitro para hacer algo así. Es triste hacer terminar así a Zidane”. Ataca después que fuera el cuarto árbitro el que informara de la acción punible del delantero galo, cuando la FIFA no admite las decisiones basadas en las imágenes televisivas, ¿pero qué podía hacer el colegiado argentino si su auxiliar le da cuenta de la llamativa acción del ídolo francés? Mostrarle la tarjeta, aunque esto abrirá el debate de si sería conveniente acudir a la televisión para dilucidar las jugadas dudosas, como ya se hace en diversos deportes de masas en Estados Unidos. Con la televisión, el penalty pitado a favor de Francia y tan majestuosamente lanzado por el propio Zidane probablemente no habría sido sancionado.

Domenech ha seguido largando contra Materazzi que, según él, hizo una enorme comedia cuando recibió el cabezazo. Pienso, sin embargo, que en este despliegue de comediantes que ha sido el Mundial, con profusión de zambullidas cuando al jugador le rozaba la bota del adversario, Materrazzi no conseguiría el Oscar. Ha habido bastantes mejores. Varios comentaristas americanos se lo otorgaban a Figo, del que afirmaban no haría el ridículo en una pieza de Shakespeare por sus dotes de fingimiento en el dolor.

Los colegas de Zidane, los impecables defensas Thuram y Sagnol, que hicieron tantos méritos como los italianos como para estar celebrando el título en estos momentos, han manifestado que no saben lo que Zidane tuvo que oír de Materazzi. ¿No se lo han querido preguntar a un compañero que tiene que estar sumido en el arrepentimento? Reaccionar airadamente por un insulto en el fútbol tiene un precio costoso, para Zidane enorme, e inevitable, pero sería interesante conocer la lindeza que lo enervó tan exageradamente.
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