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miércoles, 29 de noviembre de 2006

El imperativo de preservación de la unidad judía

El imperativo de preservación de la unidad judía

Por: Egon Friedler

Cada vez, los judíos de Estados Unidos y de la Diáspora saben menos los unos de los otros. ¿Qué estrategias se deberían implementar para evitar la división del pueblo en dos polos separados?

Dos recientes estudios realizados en Israel y en Estados Unidos señalan un peligroso debilitamiento de la relación entre judíos de la Diáspora y sus hermanos israelíes, particularmente en las generaciones más jóvenes.

El estudio israelí fue realizado por el Instituto de Educación Levinski y consistió en una encuesta entre 150 profesores de historia y de educación cívica. Según la versión de Amiram Barkat en Haaretz sólo el 13,6 % de ellos dijo que el tema del judaísmo norteamericano había sido estudiado en su colegio “al menos una vez”. Más del 60% dijo que el tema no había sido estudiado y el 25% no pudo contestar la pregunta.

El rabino Edward Rettig del American Jewish Committee que coordinó el estudio dijo no estar sorprendido por sus conclusiones, que indican que existe “una seria falla educativa y un grave proceso de alienación mutua”. Rettig se quejó de que funcionarios jerárquicos del Ministerio de Educación de Israel trataron de sabotear el estudio e impidieron el acceso directo de los investigadores a los maestros.

El rabino Michael Melchior, presidente del Comité de Educación de la Knesset, inició el debate en el parlamento sobre las conclusiones de ambos estudios. Dijo que distintos ministros de Educación habían prometido expandir los programas de estudios judíos pero no habían cumplido. La Ministra de Educación Yuli Tamir prometió recientemente incrementar los estudios judíos y dijo que “contribuirían significativamente a moldear la identidad judía de los alumnos”. Sin embargo, no se aprobó ningún plan específico de estudios sobre la Diáspora para toda la red educativa estatal. Hubo solamente un programa piloto para noveno grado acerca del judaísmo de la Diáspora.

El estudio realizado en los Estados Unidos, asimismo financiado y organizado por el American Jewish Committee, llegó a conclusiones aún más inquietantes. Tuvo un carácter de mayor alcance que el israelí y resumió las conclusiones de varias encuestas realizadas entre 1,5 millón de judíos norteamericanos veinte y treinta-añeros. Todas ellas coincidieron en que Israel no constituía un elemento esencial en la identidad judía de los jóvenes. Por ejemplo, en un estudio realizado en el año 2000, sólo el 33% de los judíos de Nueva York entre 22 y 52 años dijo que el “apoyo a Israel” tenía mucha importancia para su identidad judía. El apoyo a Israel figura sólo en el lugar N° 11 de 15 componentes de identidad presentados a los encuestados.
Bar Mitzvá vs. Israel

El rabino Rettig citado por Asaf Dror en The Jerusalem Post dijo: “En ambos lados del océano, los administradores de la educación dicen lo mismo. En Israel es la guerra, la economía, el descenso en el nivel de las matemáticas, etc. En los Estados Unidos la queja más corriente es: “Apenas me da el tiempo para preparar a los chicos para la Bar-Mitzvá. ¿Cuándo voy a enseñarles sobre Israel? Pero no tenemos elección. La capcidad de la comunidad judía mundial de hacer frente a los desafíos del siglo XXI depende enteramente de la habilidad de ambas comunidades judías para comprenderse mutuamente y coordinar sus actividades”.

Rettig recordó que un 40% del judaísmo mundial está compuesto por judíos norteamericanos, mientras los israelíes son otro 40%. En su óptica, ambas comunidades son “interdependientes”.

El Dr. Rafi Sheniak, que fundó el Centro de Estudios Judíos en el colegio Levinski sacó conclusiones bastante inquietantes de ambos estudios. A su juicio, la judería de los Estados Unidos se está convirtiendo en una “religión normal” mientras los judíos de Israel se están transformando en una “nación normal”. Las actitudes judías norteamericanas hacia Israel y el hebreo son como las de los católicos norteamericanos hacia el Vaticano y el latín, dijo. Sin embargo, en Israel, la identidad judía es definida por el lenguaje y la cultura hebreos.

El Jerusalem Post editorializó sobre el tema con el título “Enseñar sobre la Diáspora” expresando su preocupación, sobre todo, respecto del debilitamiento del apoyo a Israel en las jóvenes generaciones de judíos norteamericanos. Con todo, el diario israelí en idioma inglés señala que hay excepciones positivas a esta tendencia como el programa Birthright que recientemente celebró sus primeros 100.000 participantes, o el programa Masá de la Agencia Judía, destinado a atraer a jóvenes de la Diáspora para una estadía de un año en Israel.

El diario hace hincapié en la necesidad de que las jóvenes generaciones de Israel y del judaísmo norteamericano se comuniquen, se conozcan y dialoguen. Asimismo sostiene que en la misma medida en que es importante que los jóvenes judíos norteamericanos conozcan Israel, no es menos relevante el que los jóvenes israelíes vivan en forma directa la experiencia de la Diáspora.

El Post termina su editorial en los siguientes términos: “Aunque los israelíes están orgullosos de que nos hayamos convertido en la mayor comunidad judía del mundo y de que sigamos creciendo, este éxito por sí mismo no alcanza para enfrentar el desafío demográfico del pueblo judío. Globalmente, nuestros números siguen siendo ínfimos y siguen decreciendo, mientras no se vislumbra ningún signo de que el proceso pueda ser revertido. En este contexto, Israel no puede ignorar sus responsabilidades por la supervivencia y el renacimiento de todo el pueblo judío. Si bien la supervivencia de Israel no depende de esto, el lograr el propósito perseguido con su fundación sí depende de nuestra capacidad de hacer frente a este desafío. La Diáspora forma parte integral de la experiencia judía; los estudiantes israelíes no sólo deberían aprender al respecto en sus escuelas, sino que deberían tener la posibilidad de dialogar directamente con los jóvenes del extranjero, expandiendo los horizontes de ambos.”
De la alarma a las propuestas de acción

A partir de las conclusiones de ambos estudios sería posible extenderse en una retórica alarmista acerca del peligro de la alienación mutua e incluso agitar el fantasma del “fin del pueblo judío” como lo hizo el sociólogo judío-francés Georges Friedmann dos años antes de la Guerra de los Seis Días. Pero las exageraciones destinadas a dramatizar el tema pueden tener un impacto momentáneo, pero a la larga no son útiles e incluso pueden resultar contraproducentes.

Mucho mejor es proponer remedios concretos y prácticos, que es lo que intentaremos hacer.

En primer lugar, es necesario intensificar los planes de intercambios de jóvenes y de estadías en casas de familia. Conviene estudiar los planes de intercambio estudiantil puestos en práctica por grandes países y adaptarlos a la realidad de las relaciones entre Israel y diferentes países de la Diáspora. Asimismo sería muy importante realizar con mayor frecuencia eventos co-organizados entre instituciones israelíes y sus contrapartes en la diáspora, que abarquen un amplio marco de intereses que pueden ir desde torneos deportivos y competencias de ajedrez a festivales de teatro estudiantil o festivales de rock.

Pero quizás, el campo en el que quizás sea necesario insistir más es en lo que respecta a la presencia cultural israelí en la Diáspora. A la luz de las necesidades políticas y de seguridad del estado es posible entender el que Israel haya descartado en la práctica el viejo sueño de la hebraización de la Diáspora. Pero es necesario que las autoridades educativas y políticas en Israel comprendan que es muy difícil ganar adeptos para un sionismo americanizado que sólo habla inglés.

Es absurdo que personalidades de Israel vengan a hablar en inglés (necesitando traductor al igual que si lo hicieran en hebreo) a comunidades hispano-parlantes. Por lo demás, el facilismo no es una fórmula que pueda motivar a jóvenes idealistas.

No sólo es necesario organizar el estudio del hebreo en la Diáspora sobre bases totalmente distintas, sino que resulta imperativo un cambio de actitud. Se necesita que se pongan al frente de la tarea “locos para la cosa” con el fervor, la abnegación y la profunda convicción de un Eliezer Ben Yehuda.

Por lo demás, no alcanza con formar gente que hable, entienda y eventualmente lea hebreo. Es necesario crear en la Diáspora marcos en los cuales ese conocimiento sea útil y disfrutable.

Podrá argumentarse que el idioma por sí mismo no crea automáticamente una identidad positiva. Pero indudablemente constituye una lujosa puerta de entrada al gran mundo de la cultura hebrea y éste constituye de por sí un foco poderoso de identidad.

En un mundo globalizado, de identidades fluidas y cambiantes, no existen garantías absolutas del mantenimiento de fórmulas de identidad que se mantuvieron vigentes hace dos o tres generaciones.

Sin embargo, no cabe duda de que cuanto más jóvenes se familiaricen con el idioma hebreo y lo incorporen a su experiencia, más garantías tendremos en el futuro de preservar la unidad del pueblo judío.

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