lunes, 25 de diciembre de 2006
Pero se habrá visto lo que hacen estos judíos…
Domingo, 24 de diciembre de 2006 | 11:12
Pero se habrá visto lo que hacen estos judíos…
Una larga lista de los problemas que los individuos de cierta fe han causado, siguen causando y seguramente seguirán causando a todo el orbe.
Estimado Mundo: No es de extrañar que te sientas perturbado; nosotros los judíos no hacemos otra cosa que causarte dolores de cabeza. Desde siempre parece que lo hemos hecho, y lo seguimos haciendo hasta el día de hoy. Y las previsiones para el futuro no son mejores. Por esto se entiende que estés no solamente molesto, sino hasta enojado e incluso diría, indignado. Véase, por ejemplo, los alborotos que te ha causado Israel. Lo último que hizo fue emprender la guerra del Líbano que la provocó con tanta insidia, al permitir que unos patrióticos guerrilleros mataran y capturaran a sus soldados. Antes había emprendido la intifada con el propósito de pasar a cuchillo a todos los palestinos, los pobres, que sólo deseaban la paz. Previamente te había crispado los nervios al bombardear alevosamente el reactor atómico de un amante de la paz como es Saddam Hussein, y todavía recordamos la Guerra del Yom Kipur, cuando pretendimos ir a las sinagogas y de hecho tramamos atacar traicioneramente a egipcios y sirios. No quisiera acordarme de la Guerra de los Seis Días, cuando los judíos sin razón aparente alguna se las metieron con los pobres egipcios, sirios y jordanos. Bueno, qué se puede esperar de un país que hizo caso omiso del reparto de Palestina, y lo quiso todo para él como ocurrió en 1948. Ese error tuyo causó el malestar de toda la región, de modo que sin reparo alguno ese nuevo país atacó a la vez a cinco pacíficas naciones árabes, como si fuera dueño y señor de todo el Medio Oriente.
Bueno, la lista de las provocaciones judías no cabe en unas meras páginas; para ello se precisaría de varios volúmenes. Ay, Mundo mío, confieso que lo que te han hecho los judíos es inimaginable. Por ejemplo, trastornaron tanto a los alemanes que fueron instrumentales en la llegada de Hitler al poder, y así se explica que ocurrió el Holocausto. Durante tantos años, habían inquietado a todo el mundo con sus teorías capitalistas y, para no ser menos, introdujeron las marxistas también. Todo para crear confusiones que alteraran la tranquilidad humana. Movieron los hilos de los grandes capitales y acuciaron a las masas obreras, de modo tal para que no tuvieras un momento de tranquilidad. ¡Qué iniquidad!
Allí donde había problemas, siempre hubo una mano judía. Previamente, envenenando los pozos de los gentiles y causando males tales como la peste negra, causaron estragos a lo largo y lo a ancho de tus territorios. No es de extrañar, por lo tanto que todas las naciones los expulsaran, como hicieron los Reyes Católicos con toda razón, y de los que no se fueron dio buena cuenta la Inquisición. Todavía antes habían sido motivo de exasperación de los audaces cruzados que se dirigían a liberar Tierra Santa de los infieles musulmanes, y que al pasar por tierras ajenas mataron a granel a esos judíos pretensiosos, que ya entonces querían apoderarse de todo tus dominios, oh Mundo mío.
Como bien hemos visto que tus naciones no se entusiasmaban con la idea de que estuviéramos allí, decidimos lo que se dice abandonarte y regresar a la tierra de nuestros antepasados, para dejar de causarte tanto problema, malestar e intranquilidad. La evidencia está que apenas se creó el Estado de Israel llegaron judíos a montones de tus cuatro puntos cardinales. Pero siempre tramando problemas. Robándose las riquezas de países tales como Irak, Yemen, Marruecos y muchos países europeos. Así llegaron esos inmigrantes colmados de patrimonio. Y de tacaños que hemos sido, pretendimos no tener siquiera un centavo y nos fuimos a vivir en tiendas de campaña, para hacer ver que éramos una sarta de indigentes que solamente tenían la ropa que llevaban. Una retahíla de avaros que siempre presumen lo que no son.
Ahora nos tildas de ocupadores y explicas que por ello los palestinos están resentidos. Pero incluso antes ya lo estuvieron. Recuerda que hubo quien se encargó a matar a tantos judíos, como en Hebrón de 1929, cuando ni se tenía noción de lo que eran los “territorios ocupados”. Y más tarde, cuando en un momento de debilidad decidiste que nos correspondía un país propio, no faltaron quienes dijeron: a esos judíos hay que echarlos al mar. Ahora, para colmo, resulta que hay alguien en tu seno que busca afanosamente el modo de aniquilarlos, pero al hacerlo puede ser que también tú no salgas tan bien parado. Hasta tal punto habremos de ser perniciosos…
Bien se ve que desde siempre hemos turbado tu tranquilidad. En suma, dices que somos una banda de trastornadores, alteradores del orden, explotadores, agarrados, desidiosos, liosos, embrollones, timadores y qué no. Pero todo lo que pedimos ahora, es que nos dejes vivir tranquilamente en este pequeño país que hasta tal punto es diminuto que para poder avistarlo, se precisan unas buenas gafas de aumento. Si todavía te trastornamos estando en este rinconcito nuestro, puedo decirte una cosa: por lo menos aquí hay quienes tu desagrado, tu irritación o lo que sea… les importa un bledo.
Moshé
Pero se habrá visto lo que hacen estos judíos…
Una larga lista de los problemas que los individuos de cierta fe han causado, siguen causando y seguramente seguirán causando a todo el orbe.
Estimado Mundo: No es de extrañar que te sientas perturbado; nosotros los judíos no hacemos otra cosa que causarte dolores de cabeza. Desde siempre parece que lo hemos hecho, y lo seguimos haciendo hasta el día de hoy. Y las previsiones para el futuro no son mejores. Por esto se entiende que estés no solamente molesto, sino hasta enojado e incluso diría, indignado. Véase, por ejemplo, los alborotos que te ha causado Israel. Lo último que hizo fue emprender la guerra del Líbano que la provocó con tanta insidia, al permitir que unos patrióticos guerrilleros mataran y capturaran a sus soldados. Antes había emprendido la intifada con el propósito de pasar a cuchillo a todos los palestinos, los pobres, que sólo deseaban la paz. Previamente te había crispado los nervios al bombardear alevosamente el reactor atómico de un amante de la paz como es Saddam Hussein, y todavía recordamos la Guerra del Yom Kipur, cuando pretendimos ir a las sinagogas y de hecho tramamos atacar traicioneramente a egipcios y sirios. No quisiera acordarme de la Guerra de los Seis Días, cuando los judíos sin razón aparente alguna se las metieron con los pobres egipcios, sirios y jordanos. Bueno, qué se puede esperar de un país que hizo caso omiso del reparto de Palestina, y lo quiso todo para él como ocurrió en 1948. Ese error tuyo causó el malestar de toda la región, de modo que sin reparo alguno ese nuevo país atacó a la vez a cinco pacíficas naciones árabes, como si fuera dueño y señor de todo el Medio Oriente.
Bueno, la lista de las provocaciones judías no cabe en unas meras páginas; para ello se precisaría de varios volúmenes. Ay, Mundo mío, confieso que lo que te han hecho los judíos es inimaginable. Por ejemplo, trastornaron tanto a los alemanes que fueron instrumentales en la llegada de Hitler al poder, y así se explica que ocurrió el Holocausto. Durante tantos años, habían inquietado a todo el mundo con sus teorías capitalistas y, para no ser menos, introdujeron las marxistas también. Todo para crear confusiones que alteraran la tranquilidad humana. Movieron los hilos de los grandes capitales y acuciaron a las masas obreras, de modo tal para que no tuvieras un momento de tranquilidad. ¡Qué iniquidad!
Allí donde había problemas, siempre hubo una mano judía. Previamente, envenenando los pozos de los gentiles y causando males tales como la peste negra, causaron estragos a lo largo y lo a ancho de tus territorios. No es de extrañar, por lo tanto que todas las naciones los expulsaran, como hicieron los Reyes Católicos con toda razón, y de los que no se fueron dio buena cuenta la Inquisición. Todavía antes habían sido motivo de exasperación de los audaces cruzados que se dirigían a liberar Tierra Santa de los infieles musulmanes, y que al pasar por tierras ajenas mataron a granel a esos judíos pretensiosos, que ya entonces querían apoderarse de todo tus dominios, oh Mundo mío.
Como bien hemos visto que tus naciones no se entusiasmaban con la idea de que estuviéramos allí, decidimos lo que se dice abandonarte y regresar a la tierra de nuestros antepasados, para dejar de causarte tanto problema, malestar e intranquilidad. La evidencia está que apenas se creó el Estado de Israel llegaron judíos a montones de tus cuatro puntos cardinales. Pero siempre tramando problemas. Robándose las riquezas de países tales como Irak, Yemen, Marruecos y muchos países europeos. Así llegaron esos inmigrantes colmados de patrimonio. Y de tacaños que hemos sido, pretendimos no tener siquiera un centavo y nos fuimos a vivir en tiendas de campaña, para hacer ver que éramos una sarta de indigentes que solamente tenían la ropa que llevaban. Una retahíla de avaros que siempre presumen lo que no son.
Ahora nos tildas de ocupadores y explicas que por ello los palestinos están resentidos. Pero incluso antes ya lo estuvieron. Recuerda que hubo quien se encargó a matar a tantos judíos, como en Hebrón de 1929, cuando ni se tenía noción de lo que eran los “territorios ocupados”. Y más tarde, cuando en un momento de debilidad decidiste que nos correspondía un país propio, no faltaron quienes dijeron: a esos judíos hay que echarlos al mar. Ahora, para colmo, resulta que hay alguien en tu seno que busca afanosamente el modo de aniquilarlos, pero al hacerlo puede ser que también tú no salgas tan bien parado. Hasta tal punto habremos de ser perniciosos…
Bien se ve que desde siempre hemos turbado tu tranquilidad. En suma, dices que somos una banda de trastornadores, alteradores del orden, explotadores, agarrados, desidiosos, liosos, embrollones, timadores y qué no. Pero todo lo que pedimos ahora, es que nos dejes vivir tranquilamente en este pequeño país que hasta tal punto es diminuto que para poder avistarlo, se precisan unas buenas gafas de aumento. Si todavía te trastornamos estando en este rinconcito nuestro, puedo decirte una cosa: por lo menos aquí hay quienes tu desagrado, tu irritación o lo que sea… les importa un bledo.
Moshé

