miércoles, 30 de mayo de 2007
Ahora el escándalo de "la marcha de los vivos"
Ahora el escándalo de "la marcha de los vivos"
Recientemente me uní a los crecientes llamamientos a que la Conferencia de Reclamaciones Materiales Judías contra Alemania reformase su desfasada estructura e implementase mayor transparencia en su modus operandi y actividades financieras
por Isi Leibler
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Recientemente me uní a los crecientes llamamientos a que la Conferencia de Reclamaciones Materiales Judías contra Alemania (Conferencia de Reclamaciones) reformase su desfasada estructura e implementase mayor transparencia en su modus operandi y actividades financieras. También me hice eco de la frustración imperante en la Conferencia, la fundación judía más rica del mundo con diferencia, con respecto a que aún no proporcione asistencia financiera adecuada a ancianos y supervivientes enfermos del Holocausto que viven en repugnante pobreza en la última etapa de sus vidas. Una organización que se jacta de controlar actualmente una sociedad de 900 millones de dólares en activos, aún no rectifica tal condición y tiene que ser responsabilizada de uno de los mayores escándalos de la vida judía contemporánea.
En su refutación, publicada en estas páginas, Julius Berman, presidente de la Conferencia, me acusaba de promover errores e imprecisiones basadas en "clichés arcaicos", e insistía numantinamente en que los asuntos de la Conferencia se llevan a cabo de un modo completamente transparente. A continuación desgranaba el enorme abanico de actividades abarcadas por la Conferencia, que nunca fueron puestas en tela de juicio. Sin embargo, no respondió a los asuntos tangibles que yo planteaba, la situación actual de los supervivientes pobres.
Al afirmar que los activos netos de la Conferencia en el 2005 alcanzaban los 900 millones de dólares, Berman no especificaba si esa suma incluía o no las enormes sociedades inmobiliarias adquiridas desde la unificación alemana, que presuntamente convierten a la Sociedad de Reclamaciones en uno de los mayores administradores inmobiliarios de Alemania. El rechazo expreso a dar a conocer información detallada concerniente a estas propiedades a sus herederos, supervivientes y periodistas, y operar de una manera financieramente transparente ha conducido a crecientes preocupaciones en torno a posibles fraudes inmobiliarios y alimentado las alegaciones de incompetencia, prácticas inapropiadas y tapaderas.
El problema fundamental es que desde su creación en 1951, la junta de la Conferencia de Reclamaciones, que abarca principalmente representantes no elegidos democráticamente procedentes de las 24 organizaciones fundadoras, ha aprobado de manera rutinaria todas las distribuciones de fondos recomendadas por el Comité de asignaciones. Mientras que el Comité de asignaciones comprende presumiblemente a personas de reputación, en ausencia de una junta independiente que revise críticamente las asignaciones, la burocratización y el dominio de un círculo reducido era inevitable.
Es el momento de que el diálogo de todo el mundo judío determine el criterio para herederos y supervivientes y resuelva las normas de operación para proporcionar concesiones a organizaciones de valor o proyectos, especialmente aquellos que no son aptos con claridad para su inclusión en el marco de las actividades educativas relativas a los supervivientes del Holocausto. Las concesiones previas han generado controversia porque, a pesar de representar a causas que lo merecían, algunas parecen carecer de relación genuina con el Holocausto, léase el Tel Aviv Yiddish Theater, los centros culturales judíos de San Petersburgo, los arreglos en los nidos hospitalarios israelíes, los servicios de ambulancias voluntarias del Hatzolah en Brooklyn, las organizaciones feministas de Bnei Brak, o Birthright Israel.
Puede haber explicaciones válidas para estas asignaciones de fondos. Pero la ausencia de transparencia y debate abierto para determinar el criterio de distribución del dinero, y teniendo en cuenta las necesidades acuciantes de los supervivientes pobres, algunas asignaciones parecen trasnochadas y crean motivos de preocupación. La impresión imperante hoy es que unos cuantos magnates, en consulta con unos cuantos asesores importantes a puerta cerrada determinan a dónde deben distribuirse los fondos y disuaden el debate abierto sobre cómo se debe conceder prioridad a las asignaciones.
También está la necesidad de una completa reestructuración de la junta de la Conferencia, que ahora está ya completamente desfasada, con organizaciones y juntas menores como el Comité Laborista Judío o la Asociación Judía radicada en Gran Bretaña aún presente, mientras que otras entidades que ocupan ahora papeles importantes en la vida judía quedan excluidas, con la mayor cifra de supervivientes del Holocausto masivamente subrepresentada.
Berman continúa resistiendo a los llamamientos de su junta a expulsar a su presidente, Israel Singer, que fue condenado por la autoridad del gobierno por violar sus responsabilidades fiduciarias como testaferro de los fondos de caridad y, más recientemente, fue desechado por el Congreso Judío Mundial a causa de sus prácticas financieras cuestionables. La semana pasada, un impactante nuevo escándalo relativo al grupo radicado en Nueva York que gestiona el programa de la Marcha de los Vivos quedaba en evidencia en una investigación conjunta del Jewish Week y Globes, un diario económico israelí. Tiene implicaciones serias para la Conferencia de Reclamaciones, uno de los principales donantes a esta entidad.
La Marcha de los Vivos fue fundada por Avraham Hirschson, el anterior ministro de economía actualmente bajo investigación por fraude fiscal. Hirschson transfirió su sede a los Estados Unidos y arregló que un tal Curtis Hoxter fuera elegido como consultor del proyecto. Hoxter percibió un desfase de 700.000 dólares, presuntamente para actividades "de recaudación de fondos". Sin embargo, está claro que el grueso de las contribuciones fue proporcionado a la Marcha de los Vivos por la Conferencia de Reclamaciones y el ICHEIC, la Comisión aseguradora de bienes del Holocausto.
Preguntado por el Jewish Week y el Globes por el motivo de que la Marcha de los Vivos le abonase 700.000 dólares, Hoxter respondía que no tenía a mano la documentación y que no podía encontrar el motivo de que recibiera el dinero. Hoxter, quien paradójicamente representa también a los grupos industriales alemanes y bancos suizos, era socio cercano a Israel Singer, quien arregló que se le pagaran 200.000 dólares extra al año procedentes del Congreso Judío Mundial. Estos pagos sin autorizar no fueron dados a conocer por Singer al Ejecutivo del Congreso y fueron fulminados después de que el arreglo financiero quedara en evidencia.
Los pagos a Hoxter procedentes de la Marcha de los Vivos comenzaron aproximadamente al mismo tiempo que Singer era obligado a detener los pagos del Congreso. Hoxter también estuvo involucrado en un memorando de entendimiento en borrador sin firmar con Singer para constituir una sociedad de tres bandas en una compañía de consultoría en la que Singer iba a proporcionar 2 millones de dólares como socio. La tercera parte era el abogado israelí Zvi Barak, quien colaboraba íntimamente con Singer en las actividades de restitución y también servía como su abogado personal. Barak era condenado por la oficina del fiscal general de Nueva York por rehusar cooperar en relación con la investigación de los 1,2 millones de dólares que Singer desplazó de una cuenta bancaria del Congreso Judío bajo control estatutario de Barak. Barak también era socio del hijo de Avraham Hirschson en una empresa de inversiones que fracasó estrepitosamente.
La Conferencia de Reclamaciones tiene mucho de lo que responder con este último escándalo. Queda en evidencia por haber descuidado el ejercicio de supervisión tras dedicar financiación sustancial a una valiosa empresa de inversiones y por tanto permitir indirectamente que un consultor cuestionable asociado íntimamente a su propio presidente recibiera inconscientemente pagos masivos procedentes de fondos de la Marcha de los Vivos.
Si la Conferencia de Reclamaciones pudo fracasar tan miserablemente a la hora de supervisar el uso de sus fondos en una institución vinculada al Holocausto tan importante, su supervisión en relación a otras asignaciones monetarias para otras iniciativas tiene que revisarse. Por tanto es apropiado iniciar una auditoría independiente que cubra el conjunto de las operaciones de la organización con el fin de aplacar las preocupaciones de inspirar confianza en que la Conferencia de Reclamaciones aún es dirigida de manera apropiada.
Este último escándalo también subraya la necesidad urgente de introducir una nueva dirección en la Conferencia, reestructurar su junta y garantizar que el público queda satisfecho con que los fondos son gestionados de una manera ejemplar. Ciertamente no existe ninguna otra organización que necesite una mayor transparencia impecable que la Conferencia de Reclamaciones Materiales contra Alemania.
Recientemente me uní a los crecientes llamamientos a que la Conferencia de Reclamaciones Materiales Judías contra Alemania reformase su desfasada estructura e implementase mayor transparencia en su modus operandi y actividades financieras
por Isi Leibler
Enviar a Digg // Guardar en deli.cio.us // Enviar artículo por e-mail // Imprimir artículo
Recientemente me uní a los crecientes llamamientos a que la Conferencia de Reclamaciones Materiales Judías contra Alemania (Conferencia de Reclamaciones) reformase su desfasada estructura e implementase mayor transparencia en su modus operandi y actividades financieras. También me hice eco de la frustración imperante en la Conferencia, la fundación judía más rica del mundo con diferencia, con respecto a que aún no proporcione asistencia financiera adecuada a ancianos y supervivientes enfermos del Holocausto que viven en repugnante pobreza en la última etapa de sus vidas. Una organización que se jacta de controlar actualmente una sociedad de 900 millones de dólares en activos, aún no rectifica tal condición y tiene que ser responsabilizada de uno de los mayores escándalos de la vida judía contemporánea.
En su refutación, publicada en estas páginas, Julius Berman, presidente de la Conferencia, me acusaba de promover errores e imprecisiones basadas en "clichés arcaicos", e insistía numantinamente en que los asuntos de la Conferencia se llevan a cabo de un modo completamente transparente. A continuación desgranaba el enorme abanico de actividades abarcadas por la Conferencia, que nunca fueron puestas en tela de juicio. Sin embargo, no respondió a los asuntos tangibles que yo planteaba, la situación actual de los supervivientes pobres.
Al afirmar que los activos netos de la Conferencia en el 2005 alcanzaban los 900 millones de dólares, Berman no especificaba si esa suma incluía o no las enormes sociedades inmobiliarias adquiridas desde la unificación alemana, que presuntamente convierten a la Sociedad de Reclamaciones en uno de los mayores administradores inmobiliarios de Alemania. El rechazo expreso a dar a conocer información detallada concerniente a estas propiedades a sus herederos, supervivientes y periodistas, y operar de una manera financieramente transparente ha conducido a crecientes preocupaciones en torno a posibles fraudes inmobiliarios y alimentado las alegaciones de incompetencia, prácticas inapropiadas y tapaderas.
El problema fundamental es que desde su creación en 1951, la junta de la Conferencia de Reclamaciones, que abarca principalmente representantes no elegidos democráticamente procedentes de las 24 organizaciones fundadoras, ha aprobado de manera rutinaria todas las distribuciones de fondos recomendadas por el Comité de asignaciones. Mientras que el Comité de asignaciones comprende presumiblemente a personas de reputación, en ausencia de una junta independiente que revise críticamente las asignaciones, la burocratización y el dominio de un círculo reducido era inevitable.
Es el momento de que el diálogo de todo el mundo judío determine el criterio para herederos y supervivientes y resuelva las normas de operación para proporcionar concesiones a organizaciones de valor o proyectos, especialmente aquellos que no son aptos con claridad para su inclusión en el marco de las actividades educativas relativas a los supervivientes del Holocausto. Las concesiones previas han generado controversia porque, a pesar de representar a causas que lo merecían, algunas parecen carecer de relación genuina con el Holocausto, léase el Tel Aviv Yiddish Theater, los centros culturales judíos de San Petersburgo, los arreglos en los nidos hospitalarios israelíes, los servicios de ambulancias voluntarias del Hatzolah en Brooklyn, las organizaciones feministas de Bnei Brak, o Birthright Israel.
Puede haber explicaciones válidas para estas asignaciones de fondos. Pero la ausencia de transparencia y debate abierto para determinar el criterio de distribución del dinero, y teniendo en cuenta las necesidades acuciantes de los supervivientes pobres, algunas asignaciones parecen trasnochadas y crean motivos de preocupación. La impresión imperante hoy es que unos cuantos magnates, en consulta con unos cuantos asesores importantes a puerta cerrada determinan a dónde deben distribuirse los fondos y disuaden el debate abierto sobre cómo se debe conceder prioridad a las asignaciones.
También está la necesidad de una completa reestructuración de la junta de la Conferencia, que ahora está ya completamente desfasada, con organizaciones y juntas menores como el Comité Laborista Judío o la Asociación Judía radicada en Gran Bretaña aún presente, mientras que otras entidades que ocupan ahora papeles importantes en la vida judía quedan excluidas, con la mayor cifra de supervivientes del Holocausto masivamente subrepresentada.
Berman continúa resistiendo a los llamamientos de su junta a expulsar a su presidente, Israel Singer, que fue condenado por la autoridad del gobierno por violar sus responsabilidades fiduciarias como testaferro de los fondos de caridad y, más recientemente, fue desechado por el Congreso Judío Mundial a causa de sus prácticas financieras cuestionables. La semana pasada, un impactante nuevo escándalo relativo al grupo radicado en Nueva York que gestiona el programa de la Marcha de los Vivos quedaba en evidencia en una investigación conjunta del Jewish Week y Globes, un diario económico israelí. Tiene implicaciones serias para la Conferencia de Reclamaciones, uno de los principales donantes a esta entidad.
La Marcha de los Vivos fue fundada por Avraham Hirschson, el anterior ministro de economía actualmente bajo investigación por fraude fiscal. Hirschson transfirió su sede a los Estados Unidos y arregló que un tal Curtis Hoxter fuera elegido como consultor del proyecto. Hoxter percibió un desfase de 700.000 dólares, presuntamente para actividades "de recaudación de fondos". Sin embargo, está claro que el grueso de las contribuciones fue proporcionado a la Marcha de los Vivos por la Conferencia de Reclamaciones y el ICHEIC, la Comisión aseguradora de bienes del Holocausto.
Preguntado por el Jewish Week y el Globes por el motivo de que la Marcha de los Vivos le abonase 700.000 dólares, Hoxter respondía que no tenía a mano la documentación y que no podía encontrar el motivo de que recibiera el dinero. Hoxter, quien paradójicamente representa también a los grupos industriales alemanes y bancos suizos, era socio cercano a Israel Singer, quien arregló que se le pagaran 200.000 dólares extra al año procedentes del Congreso Judío Mundial. Estos pagos sin autorizar no fueron dados a conocer por Singer al Ejecutivo del Congreso y fueron fulminados después de que el arreglo financiero quedara en evidencia.
Los pagos a Hoxter procedentes de la Marcha de los Vivos comenzaron aproximadamente al mismo tiempo que Singer era obligado a detener los pagos del Congreso. Hoxter también estuvo involucrado en un memorando de entendimiento en borrador sin firmar con Singer para constituir una sociedad de tres bandas en una compañía de consultoría en la que Singer iba a proporcionar 2 millones de dólares como socio. La tercera parte era el abogado israelí Zvi Barak, quien colaboraba íntimamente con Singer en las actividades de restitución y también servía como su abogado personal. Barak era condenado por la oficina del fiscal general de Nueva York por rehusar cooperar en relación con la investigación de los 1,2 millones de dólares que Singer desplazó de una cuenta bancaria del Congreso Judío bajo control estatutario de Barak. Barak también era socio del hijo de Avraham Hirschson en una empresa de inversiones que fracasó estrepitosamente.
La Conferencia de Reclamaciones tiene mucho de lo que responder con este último escándalo. Queda en evidencia por haber descuidado el ejercicio de supervisión tras dedicar financiación sustancial a una valiosa empresa de inversiones y por tanto permitir indirectamente que un consultor cuestionable asociado íntimamente a su propio presidente recibiera inconscientemente pagos masivos procedentes de fondos de la Marcha de los Vivos.
Si la Conferencia de Reclamaciones pudo fracasar tan miserablemente a la hora de supervisar el uso de sus fondos en una institución vinculada al Holocausto tan importante, su supervisión en relación a otras asignaciones monetarias para otras iniciativas tiene que revisarse. Por tanto es apropiado iniciar una auditoría independiente que cubra el conjunto de las operaciones de la organización con el fin de aplacar las preocupaciones de inspirar confianza en que la Conferencia de Reclamaciones aún es dirigida de manera apropiada.
Este último escándalo también subraya la necesidad urgente de introducir una nueva dirección en la Conferencia, reestructurar su junta y garantizar que el público queda satisfecho con que los fondos son gestionados de una manera ejemplar. Ciertamente no existe ninguna otra organización que necesite una mayor transparencia impecable que la Conferencia de Reclamaciones Materiales contra Alemania.

