Invitación a intrigar
La reputación sin parangón de Peres entre los olvidados extranjeros es quizá el único resto residual en beneficio de su estratagema de Oslo.
por Sarah Honig
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A Yitzhak Ben-Zvi casi nadie la recuerda hoy. Pero el segundo presidente del Israel de ayer era apreciado sinceramente - un hombre campechano, a pesar de su pasado austero como verdadero activista de la segunda Alia (en contraposición con los numerosos farsantes fariseos), por no decir nada de su venerable trayectoria académica (que alcanzó los 20 volúmenes sobre la historia de distintas comunidades judías y la trayectoria nunca rota de presencia judía en la Tierra de Israel).
Ben-Zvi fue el único presidente en salir en tres mandatos consecutivos (aunque murió transcurridos tres meses del tercero, en 1963). Su auténtica proximidad, accesibilidad y calidez le granjearon la ciudadanía, pero sobre todo estaba su modestia personal. Ben-Zvi insistía en subsistir en una casa prefabricada de madera. Dos cabañas más grandes en el mismo patio servían de recepción y oficinas. En perspectiva, Ben-Zvi podría ser descrito como "un socialista inocente", alguien que creía que debía ser en sus obras igual de simple que predicaba a otros con sus palabras.
Shimon Peres, aunque pletórico de pretensiones socialistas, es un socialista de otro estilo. Si sale elegido próximo presidente de Israel, la residencia presidencial se convertirá en la suntuosa cabaña de maquinaciones y simultáneamente en un imán de iluminados de la jet-set de los cuatro puntos cardinales. Al contrario que Ben-Zvi, icono de la humildad, Peres es el indudable objeto del aprecio de los radicales más de moda y más guapos del mundo.
Golda Meir, otro antiguo icono de transparencia sin retoques, comprendía el motivo. Hace años me explicaba el motivo de que su nombre siempre se acompañase de adjetivos como "radical", "intransigente" o "inflexible". "Es tan fácil ganarse el aprecio del mundo", observaba. "Simplemente haz lo que ellos quieran. Si no lo haces, te odiarán por ello". Golda prefería ser odiada y diagnosticada como irremediablemente enferma del "Complejo de Masada". Ella se encogía de hombros: "¿Qué puedo hacer? Al mundo no le encanta la causa nacional judía. Contra más insistes en los intereses judíos, menos popular eres, y viceversa". A lo largo de décadas, su némesis Shimon Peres - al que ella se refería con una siempre cambiante retahíla de peyorativos - siguió demostrando su idea como venganza. Su "Nuevo Oriente Medio", el subterfugio de Oslo y el premio Nobel que le trajo le granjearon prodigiosas manadas de animadoras internacionales chic.
PERES BUSCÓ asignaciones furtivas durante los mandatos de dos premieres, detrás de cuyas espaldas conspiró en violación de cada uno de los principios democráticos concebibles. Tres años pre-Oslo, en 1990 - cuando Israel estaba gobernado por la segunda coalición de unidad bajo Yitzhak Shamir - Peres (ya entonces ningún novato) se involucraba en negociaciones freelance sin ninguna autorización. Cuando Shamir rechazó el ultimátum de Peres (cocinado con el infame James Baker), Peres conspiró para derrocar al gobierno de Shamir, cosa que hizo. Para exasperación de Peres, no obstante, posteriormente fracasó a la hora de colocar una coalición sustituta. Yitzhak Rabin, que etiquetaba a Peres como "una fábrica de minas sin descanso", ridiculizaba esta "maniobra exitosa". Irónicamente, cuando Rabin alcanzaba más tarde el primer ministerio, el incansable Peres también le cortejaba, como hizo con Shamir. La diferencia estribaba en que Shamir despidió a Peres, mientras que Rabin se tragó la quimera de Oslo.
Cómo explotaría Peres la cartera presidencial teniendo en cuenta sus pasadas inclinaciones embota la mente. Una presidencia Peres sería una invitación a intrigar. Es seguro asumir que no constituiría una figura de adorno, sino que habría interactivamente un gobierno paralelo y produciría un flujo inimaginable de visiones inventadas, planes y propuestas. Su común denominador sería incrementar la palestinización de esta tierra y comprometer peligrosamente lo que Golda llamaba "los intereses nacionales judíos".
Los intereses judíos incomodan a nuestra iluminación de la cosmopolita Europa. La posición de estrellas de Peres no hace sino alimentar su entusiasmo por el engaño. Al contrario de cualquier simplista israelí, a él le encanta chupar el plano de la sofisticada aprobación extranjera, es abordado, invitado y ansiosamente cortejado. Recuerde su portentoso 80 cumpleaños en el 2003 (el Auditorio Mann, nada menos). Fue una alfombra roja del quién es quién internacional. Celebrando con él estaban Bill Clinton, Mikhail Gorbachev, Nelson Mandela, presidente de Alemania, Polonia, Costa de Marfil, ministros de exteriores de Alemania, Grecia, Hungría, España y demasiados como para mencionar. La lista es más larga que esta columna.
Y no son solamente aclamados hombres de estado los que suplicaban su compañía. La supermodelo Naomi Campbell vino, al igual que el músico de U2 Bono, Sharon Stone de cierta fama Instintiva Básica y otros embajadores del glamour y el brillo de medio pelo, para destacar lo cool y guay que el siempre joven Shimon sigue siendo.
La reputación sin parangón de Peres entre los olvidados extranjeros es quizá el único resto residual en beneficio de su estratagema de Oslo. Todos los demás frutos de Oslo resultaron ser amargos. Alrededor de 2000 israelíes fueron asesinados, y miles quedaron inválidos de por vida. Trozos significativos de la patria histórica fueron entregados y activos estratégicos rendidos a enemigos genocidas de los que Peres importó aquí por decenas de miles procedentes de Túnez. Las aspiraciones árabes a reemplazar Israel y la deslegitimación de la existencia misma de Israel son toleradas como nunca antes a costa de los valiosos beneficios de las conquistas sociales de Peres.
Peres concedió respetabilidad a Fatah y coqueteaba con las iras de Hamas. En los días pre-Oslo había menos llamamientos a los ataques selectivos, los controles de carretera, las barreras de seguridad y las medidas de imagen similares. Había más paz antes de la paz de Peres. ¿Es ése el motivo de su constante fracaso político? En realidad, Peres perdió todas las elecciones nacionales, lo que explica la tentativa (fraudulenta por lo demás) de diseñar pasillos legislativos especiales para que él pueda esquivar las urnas presidenciales. Él se merece atajos especiales -- después de todo, ningún otro candidato puede jactarse de la celebridad de Peres entre las castas tradicionales de anti-israelíes políticamente correctos.
Se merece elogios por demostrar de manera incontestable que complacer a la opinión mundial tiene sus frutos. El deficiente en pompa Ben-Zvi o Golda no pudieron soñar el tipo de estima a ultramar prodigada en Peres. No hay duda de porqué no hubo parafernalia en sus cumpleaños - no habrían tolerado nada de ese estilo. Al contrario que Peres, no habrían aceptado el canje.