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martes, 31 de julio de 2007

Yerushalayim, el oro de la música

Yerushalayim, el oro de la música

Por: Mariano Wolman

Desde la época del Rey David y hasta nuestros días, Yerushalayim ha sido inspiradora de obras innumerables. El solo hecho de nombrarlas nos llevaría días enteros. Yerushalayim es más que una ciudad, es un ideal, es la representación de aquella montaña en donde el hombre se encuentra a sí mismo; y talvez, esa eterna búsqueda es el motor de nuestra alma.

Jerusalén y la música

Centro espiritual de la religión mosaica y sagrada para las tres grandes religiones abrahámicas, la "ciudad sagrada" está presente en siglos de literatura, fue imaginada y pintada por los más grandes artistas; su nombre es entonado por coros, por niños, por curas, por cantores sinagogales.

¿Quién no ha escuchado a Yerushalayim en canciones? – en todo tipo de acontecimientos damos crédito de ello talvez sin pensar que ella llega a ser indispensable. El solemne acto de romper el vaso bajo la jupá (con lo que recordamos la destrucción del Beit Hamikdash), trae consigo música, como por ejemplo la consagrada canción "Shabejí Yerushalayim", u otros "himnos" en los que la "ciudad sagrada" es la protagonista principal. Creo oportuno recordar que durante la misma ceremonia nupcial el novio realiza esa promesa que han hecho los judíos durante siglos, a través de las bellas palabras de los Tehilim: "im eshkajej Yerushalayim tishkaj yeminí, tidbak leshoní lejikí im lo ezkereji, im lo a'alé et Yerushalayim 'al rosh simjatí" (trad. "Si de ti me olvidase Jerusalén, inhabilita mi diestra; pega mi lengua a mi paladar, si no te recuerdo ni te hago centro de mi regocijo").

La Ciudad de David ha sido siempre símbolo de nostalgia y de esperanza, frases como "el próximo año en Jerusalén" dan cuenta de ello. Sin ir más lejos, el himno "Hatikvá" (trad. "La Esperanza"), finaliza de la siguiente manera: "Lihiyot 'am jofshí be'artzeinu Eretz Tziyon yerushalayim" (trad. "Ser un pueblo libre en nuestra propia tierra, la Tierra de Sión y Jerusalem").
Yerushalayim shel zahav

La canción más famosa es sin lugar a dudas "Yerushalayim shel zahav" (trad. "Jerusalén de oro"). Traducida a muchos idiomas y cantada en todo el mundo, esta bellísima canción ya consagrada como himno, reune siglos de poesía, y representa el encuentro entre el ideal de un lugar cuasi-celestial y la ciudad real.

Naomi Shemer (ז"לGuiño compuso la música y escribió las palabras en el año 1967 con motivo de la celebración del festival de la canción israelí, a celebrarse junto a los festejos de Yom 'Atzmaut durante el mes de mayo, apenas tres semanas antes de la guerra de los seis días.

El inesperado éxito de "Jerusalén de oro" se propagó por todo el país, y la gente cantaba la canción con fervor. Es esta misma canción la que acompañó a los soldados a la guerra que estalló pocos días después, y en la que se liberó (o conquistó) la ciudad antigua (no está de más recordar que durante los años que siguieron a la creación del Estado de Israel en 1948, hasta la guerra de los seis días en 1967, Yerushalayim estaba dividida entre Israel y el Reino de Jordania – el acceso al Kotel y a la ciudad antigua estaba prohibido a los judíos).

Luego de la guerra, y del retorno a Yerushalayim, la canción cobró más popularidad y la compositora agregó una cuarta estrofa que hace eterna la euforia vivida en el Israel de aquellos años – según mi opinión una especie de clímax en el desarrollo de la civilización judía.

Yerushalayim shel zahav (trascripción en caracteres latinos) Jerusalem de oro (traducción)

Estrofa 1

Avir harim tzalul kayain vereiaj oranim

nissa beruaj ha'arbayim 'im kol pa'amonim

uvtardemat ilan vaeven shvuyia bajaloma

ha'ir asher badad yoshevet uveliba joma. Estrofa 1

Aire de montañas, cristalino como el vino, y olor a pinos, llevado por el viento del atardecer con sonido de campanas

y al descansar el árbol en la piedra, presa de su sueño, la ciudad se encuentra sola y en su corazón una muralla.

Estribillo

Yerushalayim shel zahav veshel nejoshet veshel or

halo lejol shirayij ani kinor. Estribillo

Jerusalén de oro y de cobre y de luz,

oh!, de todas tus canciones soy violín.

Estrofa 2

Eija yavshu borot a mayim, kikar hashuk reika

veein poked et har habayit ba'ir ha'atika

uvame'arot asher basela' meyalelot rujot

veein yored leyam hamelaj bederej Yerijo. Estrofa 2

Han secándose los pozos de agua, la plaza del mercado está vacía, y no hay quien guarde el Monte del Templo en la ciudad antigua

y en las cuevas en la roca laméntense los vientos, y no hay quien baje al Mar Muerto por el camino de Jericó.

Estribillo Estribillo

Estrofa 3

Aj bevo'i hayom lashir laj velaj likshor ktarim

katonti mitze'ir banayij umeajron hameshorerim

ki shmej tzorev et hasfatayim kinshikat sharaf

im eshkajej yerushalayim asher kula zahav. Estrofa 3

Pero al venir hoy a cantarte y a adornarte con coronas, soy el menor de tus hijos y el último de los poetas

porque tu nombre quemaría los labios como el beso de un ángel, si te olvidase Jerusalén, Jerusalén de oro.

Estribillo Estribillo

Estrofa 4

Jazarnu el borot hamayim, lashuk velakikar

shofar kore behar habayit ba'ir ha'atika

uvame'arot asher basela' alfei shemashot zorjot

nashuv nered el yam hamelaj bederej yerijo. Estrofa 4

Hemos regresado a los pozos de agua, al mercado y la plaza, el shofar vuelve a sonar en el Monte del Templo en la ciudad antigua,

y en las cuevas en la roca miles de soles brillan, bajaremos nuevamente al Mar Muerto por el camino de Jericó.

"Jerusalén de oro" es más que una simple canción, su poesía encierra ciertos enigmas que despiertan la curiosidad de cualquier ser ambicioso de conocimiento.

El encuentro entre las dos partes (la espiritual y la concreta), está expresado de la siguiente manera: Yerushalayim, la añorada a la que no podemos acceder, frente a su paisaje geográficamente descripto.
Siglos de poesía confluyen en una canción

El término "Jerusalén de oro" originalmente se refiere a un tipo antiguo de alhaja de oro con forma de muralla jerosolimitana. Cuenta la historia, que cuando el Rabí Akiva se casó sin el consentimiento de su suegro, su esposa quedó despojada de todos sus bienes. Siendo muy pobres, la mujer apoyó a su marido en su deseo de estudiar Torá. Para premiar su apoyo y fidelidad, prometió R. Akiva regalarle una "Jerusalén de oro" cuando sus ingresos lo permitan. Luego de años de estudio y siendo ya rico, R. Akiva cumplió su promesa.

La primera estrofa describe a Yerushalayim a través de los sentidos. El comienzo casi pastoral, no hace esperar a la tragedia: la ciudad se encuentra sola (y esto está tomado del comienzo de meguilat Eija: "Eijá yashvá badad ha'ir rabati 'am haitá kealmaná", trad.: "se encontraba sola la ciudad, la capital del pueblo era como una viuda").

El estribillo nombra a la tiara prometida del Rabí Akiva, el cobre y la luz. El cobre es el color rojizo del atardecer reflejado en las murallas jerosolimitanas, al mismo tiempo representa el vigor - en hebreo cobre (nejóshet) y vigor (nejishut) tienen la misma raiz. La luz es la nueva luz de Sión que nos iluminará (del Sidur, Birkat Yotzer Or: "or jadash 'al tziyon tair venizké kulanu bimheirá leoró").

La segunda parte del estribillo "de todas tus canciones, soy violín", tiene su origen en la época dorada de los sefaradíes (en la Península Ibérica de hace unos 1000 años). Ibn Gavirol, utilizó esta frase en un poema en el declara ser dueño y esclavo de la misma: "aní hasar, vehashir li le'eved, aní kinor lejol sharim venognim", trad.: "soy el noble, y la canción es mi esclava, soy violín de todos los que la cantan y ejecutan". Otro grande de aquella época, Rabí Yehudá Haleví, fue el que adoptó esa misma expresión para referirse a Yerushalayim en su famoso poema "Tziyon halo tishali" (cita del poema: "…livkot 'enuteija aní, tanim ve'et ejlom, shivat shvuteija, ani kinor leshiraij…", trad.: "…lloro como los chacales tu sufrimiento, cuando sueño tu retorno, soy violín de tus canciones…").

La segunda estrofa es la más conflictiva a nivel político. El escritor Amos Oz denunció el problema ese mismo año: no es cierto que la ciudad antigua ni el camino de Jericó están vacíos, hay que ser ciego para no ver los miles de habitantes árabes que están presentes. Luego de dos decenios, responde finalmente Naomi Shemer, y en su opinión (no exactamente objetiva), la ciudad estaba vacía, ya que no había presencia judía. De todas formas, estos versos no son más que otra expresión de lamento y añoranza.

En la tercera estrofa se citan varias expresiones de diversos orígenes: "adornar con coronas" del hebreo "likshor ktarim", referido originalmente al acto de adornar las letras de la Torá.

"El menor de tus hijos y el último de los poetas". Esta frase hace referencia a dos de los grandes reyes de Israel: Shaul y David, los mas pequeños entre sus hermanos, y los más humildes entre su pueblo. El ciclo se cierra aquí: desde David el poeta de los salmos, hasta Naomi Shemer siendo "el último de los poetas".

Para terminar la estrofa, nada mejor que la davidiana frase nombrada con anterioridad: "Si de ti me olvidase Jerusalén..."

La cuarta estrofa, como ya lo he explicado, fue agregada luego de la guerra de los seis días, cuando los judíos pudieron regresar a la ciudad antigua y a los lugares sagrados. Esta estrofa es la contraposición de la segunda: estamos presentes nuevamente en la ciudad antigua, el shofar vuelve a sonar.

Para finalizar, propongo recordar otra historia del Rabí Akiva, personaje tan importante en esta canción. Se cuenta que en un momento determinado se encuentran R. Akiva con otros sabios observando las ruinas del Beit Hamikdash. Estos estallan en llantos al ver una rata saliendo de entre los restos del Sancto Sanctorum, pero Akiva comienza a reir. Extrañados los otros, pidieron una explicación. Rabí Akiva responde que habiéndose cumplido la profecía de la destrucción del Templo, habrían de cumplirse también las profecías de la reconstrucción de Yerushalayim. Sin lugar a dudas esta es una de las profecías de Zejaria: "'od yeshvú zkeinim uzkeinot birjovot Yerushalayim veyish mish'antó beyadó merov yamim; urjovot ha'ir imal'ú yeladim viyladot mesajkim birjovoteia" (trad.: "aún habrá ancianos con bastones reflejando larga vida en las calles de Jerusalén; y estás calles estarán inundadas de niños y niñas jugando").

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