viernes, 31 de agosto de 2007
El Día Después de Roswell
El Día Después de Roswell
Categoría : General
Publicado por Skarem el 26/9/2005
Coronel Philip J. Corso
El Día Después de Roswell
Por Sean Casteel
Traducción: Xitlalli Contreras – xitlalli@zonamistica.com
El Coronel retirado del Ejército Philip J. Corso trae una muy única perspectiva a las muchas
versiones de lo que en realidad sucedió en Roswell, Nuevo México, en 1947. Diferente a lo que la
mayoría de las personas que describen sus propias experiencias con el OVNI que chocó y con los
extraterrestres que supuestamente murieron ahí, Corso llega a la historia varios años después del
hecho y nos dice lo que sucedió como consecuencia de ese enormemente misterioso incidente en el
desierto de Nuevo México.
Corso ha proporcionado su testimonio acerca de cómo el gobierno de los EE.UU. y especialmente la
milicia, respondieron a lo que presumieron era la repentina aparición de una hostil raza alienígena
en un libro publicado recientemente llamado “El Día Después de Roswell” (The Day Alter Roswell,
Pocket Book, 1997). Desde las primeras horas de la conmoción inicial en el sitio del choque hasta la
implementación de la Iniciativa Estratégica de Defensa (también llamada “Star Wars”) casi 40 años
más tarde, Corso nos guía a través de un intrincado sendero de secretos y revela la desesperada
necesidad sentida por el Departamento de Defensa para lograr una capacidad de defensa militar
que le permitiría a EE.UU. responder a un ataque de extra-terrestre.
Después de decir lo que él reconoce que es simplemente una de las numerosas narraciones del
actual choque del OVNI y el rápido retiro de éste por soldados de la cercana Base de Fuerza Aérea
del Ejército 509, que acto seguido fue forzada a guardar silencio por una intimidación organizada de
los locales, Corso continúa diciendo cómo él encontró, aparentemente por accidente, los restos
físicos de un extra terrestre muerto que estaba siendo enviado al Campo Aéreo Wright en Ohio.
Corso estaba en una guardia nocturna en ese momento en una base militar llamada Fort Riley en
Kansas. Un hombre alistado con quien había sostenido una amistad a través de la liga local de
boliche fue colocado como guardia esa noche en julio de 1947, y cuando Corso se acercó al
hombre, le preguntó en un en voz baja, “¿Sabes que hay ahí?”.
Habiendo despertado su curiosidad, Corso caminó hacia lo que anteriormente había sido un hospital
veterinario para caballos durante los días del calvario. Él vio alrededor de treinta cajas de madera
apiladas contra la pared lejana de la construcción. Él cruzó el cuarto hacia una de las cajas que ya
estaba parcialmente abierta, aflojó los clavos y miró adentro.
“Mi estómago se vino a mi garganta”, él dijo, “y casi me enfermo justo entonces y ahí”.
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Corso habló acerca de lo que vio.
“Los contenidos”, él dijo, “encerrados en un contenedor de vidrio grueso, estaban sumergidos en un
líquido espeso azul claro, casi tan pesado como una solución gelatinosa de combustible diesel.
Primero pensé que era un niño muerto que ellos estaban enviando a algún lado. Era una figura
humanoide de cuatro pies con brazos, manos de cuatro dedos de apariencia bizarra – no vi pulgares
– de pies y piernas delgadas y una brillante cabeza de gran tamaño en forma de bombilla que
estaba flotando sobre un globo que tenía por barbilla. Sé que debo haberme acobardado al principio,
pero después tuve la urgencia de quitar la tapa del contenedor del líquido y tocar la pálida piel gris.
Pero no podía distinguir si era piel porque también lucía como una tela muy delgada de una pieza
que cubría de pies a cabeza la carne de la criatura”.
Corso continuó describiendo el cuerpo extra terrestre que vio esa noche.
“Sus globos oculares deben haberse volteado porque no podía ver ni pupilas o iris o cualquier cosa
que se pareciera a un ojo humano”, dijo. “Pero las cuencas de los ojos eran de gran tamaño y en
forma de almendra y apuntaban a su diminuta nariz, la cual en realidad no sobresalía del cráneo.
Era más como una nariz diminuta de un bebé, la cual nunca creció junto con el niño, y era en mayor
parte la ventana de la nariz. La criatura solamente tenía una pequeña hendidura por boca y estaba
completamente cerrada, pareciéndose más a una raya o hendidura entre la nariz y la parte inferior
del cráneo sin barbilla que a un orificio completamente funcional”.
Corso dijo que no podía ver la causa inmediata de la muerte del extra terrestre.
“No podía ver daño en el cuerpo de la criatura”, dijo, “y ninguna indicación de que había estado
involucrado en algún accidente. No había sangre, sus miembros parecían intactos y no podía
encontrar laceraciones en la piel o a través de la tela gris”.
Corso verificó para ver si había algún documento o factura de envío en la caja.
“Lo que encontré fue un intrigante documento de Inteligencia Militar”, dijo, “describiendo a la criatura
como un habitante de una nave que había chocado en tierra en Roswell, Nuevo México, al inicio de
esa semana y un manifiesto de ruta para esta criatura para el oficial en Air Material Command en
Wright Field y de éste a la sección de patología de la morgue del Hospital Militar Walter Reed en el,
supuse, la criatura sería sometida a autopsia y se le guardaría. No era un documento que se
suponía que viera, seguro, así que lo metí de nuevo al sobre y en la parte interior de la caja”.
Corso dijo que perdió algunas de sus rondas esa noche debido al tiempo que pasó viendo a la
criatura, pero los que él había visto valdría la pena por cualquier problema en el que se encontrara.
“Esta cosa era verdaderamente fascinante”, dijo, “y al mismo tiempo absolutamente horrible.
Desafiaba cada concepción que tenía, y esperaba contra la esperanza que estuviera mirando algún
tipo de forma de mutación atómica humana. Sabía que no podía preguntarle a alguien acerca de
esto, y debido a que esperaba no volver a verlo de nuevo, sugerí explicación tras explicación para
su existencia, a pesar de lo que había leído en el documento adjunto. Fue enviado aquí desde
Hiroshima, era el resultado de un experimento genético Nazi, era un monstruo muerto de circo, era
cualquier cosa menos lo que sabía que tenía que ser: un extra terrestre. Para cuando me senté
detrás de mi escritorio, todo era un sueño. No, no un sueño, una pesadilla – pero había terminado y,
esperaba, nunca volvería”.
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Pero lo que sea que el destino decide, tales cosas no estaban deseosas de dejar a Corso así de
fácil. Cuando fue asignado catorce años después en un cargo en la División de Desarrollo e
Investigación del Pentágono, se le presentó un extraño gabinete y se le dijo que contenía material
extremadamente sensible que sería parte de sus deberes de trabajo en su nueva asignación.
“Abrí el gabinete”, dijo, “y casi inmediatamente mi corazón se hundió. Sabía desde que vi la caja de
zapatos de cables enredados y la extraña ropa, desde la pieza para la cabeza tipo visor y pequeños
círculos que parecían como galletas Ritz solamente que con los bordes rotos y de color gris oscuro,
y de un surtido de otros artículos que incluso no podía relacionar a las formas y tamaños de las
cosas con las que estaba familiarizado, que mi vida se dirigía a un gran cambio. Así que ahí estaba,
algo del material que habían recuperado de Roswell. Y ahora, como mala suerte, había regresado
de nuevo”.
Corso enfatizó que estos eventos estaban teniendo lugar durante la época en la que la Guerra Fría
era un factor constante en la mayoría de las situaciones políticas y militares. No solamente había la
preocupante tregua entre las dos súper potencias, también estaba el constante miedo de que la
KGB había infiltrado mucho de la red de inteligencia de la que dependía EE.UU. para su defensa.
Incluso se creía que la CIA enviaba reportes a la Casa Blanca que estaban diseñados por los rusos
para hacer a EE.UU. más susceptible al objetivo soviético de dominar el mundo. Se podía confiar en
pocas personas y la necesidad de mantener el secreto era considerado absolutamente vital.
Pero de acuerdo a Corso, ahora hubo una segunda Guerra Fría que fue incluso más cargada con
peligro. El OVNI que se estrelló en Roswell se presumía que era la nave caída de una especie
extraterrestre hostil en contra de quienes se tenía muy poco en forma de defensa. No solamente
parecimos incapaces de defendernos de cualquier invasión planeada que pudiera ser el propósito
verdadero de los extraterrestres, también hubo la constante preocupación de que los mismos rusos
pudieran estar ligados con los extraterrestres como una fuerza sustituta que sería usada para
conquistar el Mundo Libre.
Corso dijo que fue determinado que los extraterrestres eran hostiles poco después del choque en
Roswell. Esa línea de razonamiento comenzó como un memorando del General Nathan Twining, el
oficial a cardo del Air Materiel Command en Wright Field, a quien se le dio la responsabilidad de
tratar con el choque poco después de que ocurriera.
El memorando de Twining en 1947 reconocía que los avistamientos de extraños objetos en el cielo
son “algo real y no visiones y ficciones”. Él también se maravilló con las características de la
operación de naves.
“Pero cuando él escribió que la extrema maniobrabilidad de la nave”, dijo Corso, “y sus acciones
‘evasivas’ cuando fue vista ‘o contactada’ por una nave amiga y el radar, le llevó a creer que eran
voladas ‘manual, automática o remotamente’, él no solamente sugirió un vuelo guiado sino que
impartió un intento hostil a sus maniobras evasivas para evitar contacto. Su caracterización del
comportamiento de la nave reveló, incluso semanas después del encuentro físico, que aquellos
oficiales en la milicia que ahora estaban dirigiendo proyecto de contacto extraterrestre, aún por ser
nombrado en código, ya consideraban estos objetos y a aquellas entidades que las controlaban una
amenaza militar”.
La decisión de mantener esa amenaza como un secreto bien guardado incluso dentro de la milicia
también fue parte de la respuesta del gobierno.
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“Sin embargo, pueden fácilmente entender el por qué”, dijo Corso, “si recuerdan, como yo, la
emisión de radio de Mercury Theater de ‘La Guerra de los Mundos’ en 1938 en la que todo el país
entró en pánico con la historia de cómo invasores de Marte aterrizaron en Grovers Mill, Nueva
Jersey, y comenzaron a atacar a la población local. La ficción de los reportes de violencia hechos
por los testigos y la inhabilidad de nuestras fuerzas militares para detener a las criaturas era gráfica.
Ellos mataban a cualquiera que se cruzara en su camino, el narrador Orson Welles dijo en el
micrófono, cuando estas criaturas en sus máquinas de guerra comenzaron su marcha hacia Nueva
York. El nivel de terror esa noche de Halloween de la emisión fue tan intenso y la milicia tan incapaz
de proteger a los residentes locales que la policía fue agobiada por llamadas telefónicas. Fue como
si todo el país se hubiera vuelto loco y la autoridad misma hubiera comenzado a desenmarañarse”.
Así, cuando a Corso se le dio en 1961 lo que con frecuencia llamaba “el archivo nuez” (the nut file),
el gabinete que contenía los restos del choque de Roswell, ya se había decidido hace tiempo que
los extraterrestres eran hostiles y que el país tenía una urgente necesidad de desarrollar armas que
verdaderamente pudieran hacer algún daño a los OVNIS si alguna vez hubiera una guerra entre la
humanidad y los extraterrestres. Y todo el negocio tenía que ser conducido en secreto para prevenir
el pánico público que críticamente deshabilitaría cualquier esfuerzo para resistir la temida invasión.
El lugar obvio para comenzar, dijo Corso, sería analizar y después duplicar algunos de los artefactos
que habían sido reunidos después del choque de Roswell. El término usado era “ingeniería inversa”,
lo cual tenía la intención de averiguar cómo funcionaba la tecnología extraterrestre y después usarla
para ventaja militar. Si pudiéramos regresar a los extraterrestres lo que intentaban darnos, entonces
tal vez tendríamos una oportunidad de mantenernos en una guerra con los OVNIS.
Junto con su oficial de comando, Tentiente General Arthur G. Trudeau, Corso dijo que él desarrolló
un plan para “sembrar” los artefactos tecnológicamente avanzados en los contratistas de defensa
que ya estaban trabajando en proyectos similares. Pero esto tenía que ser hecho, en mayor parte,
sin decirles a los científicos involucrados de dónde habían venido los artefactos. La idea era vaciar
la tecnología extraterrestre en la vuelta de investigación que ya estaba en marcha, ocultando su
origen extraterrestre. Luciría como si el producto final hubiera sido desarrollado por los científicos
extraterrestres en el curso natural de su trabajo, dijo Corso. El Ejército ofrecería dar fondos para
todo el trabajo e incluso les permitiría a los varios contratistas patentar los productos resultantes
ellos mismos.
“Como el General Twining había sugerido en su reporte a la Fuerza Aérea Armada”, dijo Corso, “la
‘tecnología extranjera’ era la categoría en la cual la investigación sobre los artefactos extraterrestres
de Roswell tenía que ser delegada. La tecnología extranjera era uno de los grandes términos,
abarcando todo desde los avances de ingeniería en la investigación de la fuerza aérea francesa
sobre las aspas de helicóptero hasta los MiGs rusos capturados de Cuba. La tecnología extranjera
era la cubierta perfecta. Todo lo que tenía que hacer era averiguar qué hacer con lo que tenía”.
De acuerdo a Corso, él eventualmente averiguó a dónde llevar muchos de los restos para ingeniería
inversa. Las compañías como Bell Labs, IBM, Dow Corning y Hughes Aircraft subsecuentemente
administradas para crear nuevos logros que le dio a los EE.UU. un decidido límite en una respuesta
militar proyectada para los extraterrestres.
Entre los productos que Corso dice resultaron de los restos de Roswell fueron:
1.Intensificadores de imagen, lo cual finalmente se convirtió en “visión nocturna”.
2.Fibras ópticas
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3.Fibras superresistentes
4.Láser
5.Aleaciones metálicas de alineamiento molecular
6.Circuitos integrados y micro miniaturización de tarjetas lógicas
7.HARP (Proyecto de Investigación de Altitud Elevada)
8.El Proyecto Horizonte (un intento de vender al gobierno en la necesidad de construir una base
militar en la luna para competir tanto con los rusos como con los extraterrestres).
9.Generadores atómicos portátiles (manejo de propulsión de iones)
10.Comida irradiada.
11.Sistemas de guía “Tercer Cerebro” (basados en las bandas para la cabeza que se reportaron
que usaban los extraterrestres)
12.Rayos de partículas (armas de energías antimisil “Star Wars”)
13.Sistemas de propulsión electromagnética
14.Proyectiles de uranio agotados
Corso tenía acceso a la mayoría de los científicos prominentes en los campos relacionados al
desarrollo de la tecnología listada arriba. Pero uno es forzado a preguntar si él está diciendo la
verdad absoluta en relación a los dos científicos que nunca habían reconocido públicamente que
sabían algo en lo absoluto acerca del choque de Roswell.
Uno de los científicos es el Dr. Wilbert Smith, quien, de acuerdo a Corso, escribió un memorando en
1950 que movió al gobierno de Canadá para investigar la naturaleza de la tecnología extraterrestre
que los Estados Unidos habían recuperado de los vehículos extraterrestres estrellados.
Corso dijo que si oficial de comando, el General Trudeau, había bromeando en que aunque Smith
supiera que habíamos adquirido tecnología en Roswell, en realidad no sabría lo que era.
“No puedo esperar para ver su cara cuando abras tu maletín en frente de él, Phil”, dijo el general,
pensando acerca de cómo su viejo amigo siempre había querido saber las especificaciones de lo
que había mantenido en secreto en 1947.
El problema es, y esto también es verdadero en las afirmaciones que hace Corso acerca del
Profesor Herman Oberth en su libro, nunca hubo ninguna afirmación pública hecha por ningún
científico acerca de tener cualquier conocimiento previo en lo absoluto sobre Roswell. Aun cuando
ellos hablaron en contextos en los que ellos no estaban escondiendo nada, la idea de que tuvieran
conocimiento acerca del choque o de la tecnología que más tarde se produjo, no aparece en ningún
lado en el reporte público.
Corso también narra conversaciones con personajes como el entonces Procurador General Robert
F. Kennedy y J. Edgar Hoover, quienes estaban en una desesperada necesidad de la inteligencia
que él tenía para ofrecer. Él incluso afirma haber sido la persona que divulgó la elaboración de los
misiles nucleares rusos en Cuba a la prensa en octubre de 1962, creando así la Crisis del Misil
cubano. El Presidente Kennedy se había estado rehusando a tomar acción acerca de los misiles
rusos que estaban siendo enviados a Cuba, nos dice Corso, porque el estaba recibiendo reportes de
inteligencia falsos de la CIA, cuya verdadera lealtad era a la KGB. Por su propia cuenta, fue Corso
quien había dado el paso y salvado el día.
En cualquier caso, después de muchos años de sudor y tensión, la buena experiencia del antiguo
americano, eventualmente llevó a esa lista de 14 “inventos” mencionados anteriormente. La valentía
de Ronald Reagan en la lucha por la Iniciativa de Defensa Estratégica en contra de un gran trato de
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resistencia política llevó a la nación a tener una defensa militar en el espacio exterior en contra de
una invasión extraterrestre. Corso mantiene que la implementación del proyecto “Star Wars” llevó al
final de la Guerra Fría. Y, mientras que ni Reagan ni el Jefe Mikail Gorbachev lo dijeron tan
públicamente, los EE.UU. y Rusia ahora presentan un frente unido en contra del enemigo común
extraterrestre. La paranoia que había existido entre los dos países desde el final de la Segunda
Guerra Mundial ahora había dado un camino para determinar el pelear juntos por el bien de la
humanidad como un todo.
“Estas criaturas no eran seres extraterrestres benevolentes”, dijo Corso, “que habían venido para
iluminar a los seres humanos. Ellos eran autómatas humanoides genéticamente alterados,
entidades biológicas clonadas, en realidad, que estaban cosechando especimenes biológicos en la
Tierra para su propia experimentación. Tanto tiempo como no fuéramos capaces de defendernos a
nosotros mismos, teníamos que permitirles introducirse como quisieran”.
“Ellos dictaron los términos”, continuó, “porque sabían que a lo que más temíamos era la
divulgación. Esconde la verdad y la verdad se convierte en tu enemigo. Revela la verdad y se
convierte en tu arma”.
Ahora que la verdad está siendo divulgada 50 años después del choque en Roswell, cuando el
enemigo extraterrestre puede ser manejado en términos militares, Corso de alguna manera se las
arregla para insinuar que debemos todo a él y su enormemente reverenciado oficial de comando, el
General Arthur Trudeau, dos pequeños hombres trabajando valientemente en sus oficinas del
Pentágono para salvar al mundo de la amenaza extraterrestre en una atmósfera de secreto, peligro
y traición. Uno no puede evitar preguntarse si él está basándolo en algo un poco confuso cuando se
refiere a su heroísmo personal, pero entonces eso sucede con frecuencia cuando un soldado
escribe sus memorias.
El Día Después de Roswell aún se las arregla para ser una interesante lectura a pesar de lo
vergonzoso que son probablemente embellecimientos de Corso. Mientras él cubre poco nuevo
terreno acerca del choque, el cubrimiento, o la subsiguiente creación de lo que el grupo de trabajo
del gobierno convino hacer con el choque y a lo que frecuentemente se refieren como “Majestic-12”,
él ofrece una narrativa lógica que explica cómo la tecnología extraterrestre recuperada del sitio del
choque fue diseminada para varios contratistas de defensa quienes se las arreglaron para producir
resultados tangibles de los prototipos que no eran de esta Tierra.
Y la pregunta que queda es de si podíamos haber desarrollado cosas como los chips de silicio para
la computadora o visores de visión nocturna (y especialmente las armas de rayo de partículas ahora
potencialmente usadas en los OVNIS justo afuera de la atmósfera) sin algún tipo de cercanía a una
cultura extraterrestre cuyos desarrollos tecnológicos indudablemente aún permanecen a muchos
años luz delante de los nuestros.
Es la tecnología “Star Wars” la que le da a Corso la mayor satisfacción, dice él, porque “usamos la
propia tecnología extraterrestre en su contra, alimentando a nuestros contratistas de defensa y
después adaptándola para usarse en sistemas de defensa relacionados con el espacio. Al final,
fuimos capaces de distribuir suficiente de la Iniciativa de Defensa Estratégica para lograr la
capacidad de derribar satélites enemigos, matar los sistemas de guía de electrón de próximos
enemigos, y deshabilitar la nave enemiga, si teníamos que hacerlo, para asumir una amenaza. Fue
la tecnología extraterrestre la que usamos: láser, armas aceleradas de rayos de partículas y una
nave equipada con características de “Esconderse”. Y al final, no solamente sobrevivimos a los
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soviéticos y terminamos la Guerra Fría, sino que forzamos un estancamiento con los extraterrestres,
quienes no eran tan invulnerables después de todo”.
Uno solamente puede esperar que si Corso está correcto en creer que los extraterrestres son
hostiles, que él está igualmente correcto en su creencia de que pueden ser detenidos por el sistema
de armas SDI él muy orgullosamente se da crédito por eso.
EL FIN
- - - - - -
** Derechos Reservados Crystalinks 1995-2005. Prohibido reproducir sin la previa autorizació
http://www.youtube.com/watch?v=3sm8dRJdMEI
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Coronel Philip J. Corso
El Día Después de Roswell
Por Sean Casteel
Traducción: Xitlalli Contreras – xitlalli@zonamistica.com
El Coronel retirado del Ejército Philip J. Corso trae una muy única perspectiva a las muchas
versiones de lo que en realidad sucedió en Roswell, Nuevo México, en 1947. Diferente a lo que la
mayoría de las personas que describen sus propias experiencias con el OVNI que chocó y con los
extraterrestres que supuestamente murieron ahí, Corso llega a la historia varios años después del
hecho y nos dice lo que sucedió como consecuencia de ese enormemente misterioso incidente en el
desierto de Nuevo México.
Corso ha proporcionado su testimonio acerca de cómo el gobierno de los EE.UU. y especialmente la
milicia, respondieron a lo que presumieron era la repentina aparición de una hostil raza alienígena
en un libro publicado recientemente llamado “El Día Después de Roswell” (The Day Alter Roswell,
Pocket Book, 1997). Desde las primeras horas de la conmoción inicial en el sitio del choque hasta la
implementación de la Iniciativa Estratégica de Defensa (también llamada “Star Wars”) casi 40 años
más tarde, Corso nos guía a través de un intrincado sendero de secretos y revela la desesperada
necesidad sentida por el Departamento de Defensa para lograr una capacidad de defensa militar
que le permitiría a EE.UU. responder a un ataque de extra-terrestre.
Después de decir lo que él reconoce que es simplemente una de las numerosas narraciones del
actual choque del OVNI y el rápido retiro de éste por soldados de la cercana Base de Fuerza Aérea
del Ejército 509, que acto seguido fue forzada a guardar silencio por una intimidación organizada de
los locales, Corso continúa diciendo cómo él encontró, aparentemente por accidente, los restos
físicos de un extra terrestre muerto que estaba siendo enviado al Campo Aéreo Wright en Ohio.
Corso estaba en una guardia nocturna en ese momento en una base militar llamada Fort Riley en
Kansas. Un hombre alistado con quien había sostenido una amistad a través de la liga local de
boliche fue colocado como guardia esa noche en julio de 1947, y cuando Corso se acercó al
hombre, le preguntó en un en voz baja, “¿Sabes que hay ahí?”.
Habiendo despertado su curiosidad, Corso caminó hacia lo que anteriormente había sido un hospital
veterinario para caballos durante los días del calvario. Él vio alrededor de treinta cajas de madera
apiladas contra la pared lejana de la construcción. Él cruzó el cuarto hacia una de las cajas que ya
estaba parcialmente abierta, aflojó los clavos y miró adentro.
“Mi estómago se vino a mi garganta”, él dijo, “y casi me enfermo justo entonces y ahí”.
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Corso habló acerca de lo que vio.
“Los contenidos”, él dijo, “encerrados en un contenedor de vidrio grueso, estaban sumergidos en un
líquido espeso azul claro, casi tan pesado como una solución gelatinosa de combustible diesel.
Primero pensé que era un niño muerto que ellos estaban enviando a algún lado. Era una figura
humanoide de cuatro pies con brazos, manos de cuatro dedos de apariencia bizarra – no vi pulgares
– de pies y piernas delgadas y una brillante cabeza de gran tamaño en forma de bombilla que
estaba flotando sobre un globo que tenía por barbilla. Sé que debo haberme acobardado al principio,
pero después tuve la urgencia de quitar la tapa del contenedor del líquido y tocar la pálida piel gris.
Pero no podía distinguir si era piel porque también lucía como una tela muy delgada de una pieza
que cubría de pies a cabeza la carne de la criatura”.
Corso continuó describiendo el cuerpo extra terrestre que vio esa noche.
“Sus globos oculares deben haberse volteado porque no podía ver ni pupilas o iris o cualquier cosa
que se pareciera a un ojo humano”, dijo. “Pero las cuencas de los ojos eran de gran tamaño y en
forma de almendra y apuntaban a su diminuta nariz, la cual en realidad no sobresalía del cráneo.
Era más como una nariz diminuta de un bebé, la cual nunca creció junto con el niño, y era en mayor
parte la ventana de la nariz. La criatura solamente tenía una pequeña hendidura por boca y estaba
completamente cerrada, pareciéndose más a una raya o hendidura entre la nariz y la parte inferior
del cráneo sin barbilla que a un orificio completamente funcional”.
Corso dijo que no podía ver la causa inmediata de la muerte del extra terrestre.
“No podía ver daño en el cuerpo de la criatura”, dijo, “y ninguna indicación de que había estado
involucrado en algún accidente. No había sangre, sus miembros parecían intactos y no podía
encontrar laceraciones en la piel o a través de la tela gris”.
Corso verificó para ver si había algún documento o factura de envío en la caja.
“Lo que encontré fue un intrigante documento de Inteligencia Militar”, dijo, “describiendo a la criatura
como un habitante de una nave que había chocado en tierra en Roswell, Nuevo México, al inicio de
esa semana y un manifiesto de ruta para esta criatura para el oficial en Air Material Command en
Wright Field y de éste a la sección de patología de la morgue del Hospital Militar Walter Reed en el,
supuse, la criatura sería sometida a autopsia y se le guardaría. No era un documento que se
suponía que viera, seguro, así que lo metí de nuevo al sobre y en la parte interior de la caja”.
Corso dijo que perdió algunas de sus rondas esa noche debido al tiempo que pasó viendo a la
criatura, pero los que él había visto valdría la pena por cualquier problema en el que se encontrara.
“Esta cosa era verdaderamente fascinante”, dijo, “y al mismo tiempo absolutamente horrible.
Desafiaba cada concepción que tenía, y esperaba contra la esperanza que estuviera mirando algún
tipo de forma de mutación atómica humana. Sabía que no podía preguntarle a alguien acerca de
esto, y debido a que esperaba no volver a verlo de nuevo, sugerí explicación tras explicación para
su existencia, a pesar de lo que había leído en el documento adjunto. Fue enviado aquí desde
Hiroshima, era el resultado de un experimento genético Nazi, era un monstruo muerto de circo, era
cualquier cosa menos lo que sabía que tenía que ser: un extra terrestre. Para cuando me senté
detrás de mi escritorio, todo era un sueño. No, no un sueño, una pesadilla – pero había terminado y,
esperaba, nunca volvería”.
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Pero lo que sea que el destino decide, tales cosas no estaban deseosas de dejar a Corso así de
fácil. Cuando fue asignado catorce años después en un cargo en la División de Desarrollo e
Investigación del Pentágono, se le presentó un extraño gabinete y se le dijo que contenía material
extremadamente sensible que sería parte de sus deberes de trabajo en su nueva asignación.
“Abrí el gabinete”, dijo, “y casi inmediatamente mi corazón se hundió. Sabía desde que vi la caja de
zapatos de cables enredados y la extraña ropa, desde la pieza para la cabeza tipo visor y pequeños
círculos que parecían como galletas Ritz solamente que con los bordes rotos y de color gris oscuro,
y de un surtido de otros artículos que incluso no podía relacionar a las formas y tamaños de las
cosas con las que estaba familiarizado, que mi vida se dirigía a un gran cambio. Así que ahí estaba,
algo del material que habían recuperado de Roswell. Y ahora, como mala suerte, había regresado
de nuevo”.
Corso enfatizó que estos eventos estaban teniendo lugar durante la época en la que la Guerra Fría
era un factor constante en la mayoría de las situaciones políticas y militares. No solamente había la
preocupante tregua entre las dos súper potencias, también estaba el constante miedo de que la
KGB había infiltrado mucho de la red de inteligencia de la que dependía EE.UU. para su defensa.
Incluso se creía que la CIA enviaba reportes a la Casa Blanca que estaban diseñados por los rusos
para hacer a EE.UU. más susceptible al objetivo soviético de dominar el mundo. Se podía confiar en
pocas personas y la necesidad de mantener el secreto era considerado absolutamente vital.
Pero de acuerdo a Corso, ahora hubo una segunda Guerra Fría que fue incluso más cargada con
peligro. El OVNI que se estrelló en Roswell se presumía que era la nave caída de una especie
extraterrestre hostil en contra de quienes se tenía muy poco en forma de defensa. No solamente
parecimos incapaces de defendernos de cualquier invasión planeada que pudiera ser el propósito
verdadero de los extraterrestres, también hubo la constante preocupación de que los mismos rusos
pudieran estar ligados con los extraterrestres como una fuerza sustituta que sería usada para
conquistar el Mundo Libre.
Corso dijo que fue determinado que los extraterrestres eran hostiles poco después del choque en
Roswell. Esa línea de razonamiento comenzó como un memorando del General Nathan Twining, el
oficial a cardo del Air Materiel Command en Wright Field, a quien se le dio la responsabilidad de
tratar con el choque poco después de que ocurriera.
El memorando de Twining en 1947 reconocía que los avistamientos de extraños objetos en el cielo
son “algo real y no visiones y ficciones”. Él también se maravilló con las características de la
operación de naves.
“Pero cuando él escribió que la extrema maniobrabilidad de la nave”, dijo Corso, “y sus acciones
‘evasivas’ cuando fue vista ‘o contactada’ por una nave amiga y el radar, le llevó a creer que eran
voladas ‘manual, automática o remotamente’, él no solamente sugirió un vuelo guiado sino que
impartió un intento hostil a sus maniobras evasivas para evitar contacto. Su caracterización del
comportamiento de la nave reveló, incluso semanas después del encuentro físico, que aquellos
oficiales en la milicia que ahora estaban dirigiendo proyecto de contacto extraterrestre, aún por ser
nombrado en código, ya consideraban estos objetos y a aquellas entidades que las controlaban una
amenaza militar”.
La decisión de mantener esa amenaza como un secreto bien guardado incluso dentro de la milicia
también fue parte de la respuesta del gobierno.
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“Sin embargo, pueden fácilmente entender el por qué”, dijo Corso, “si recuerdan, como yo, la
emisión de radio de Mercury Theater de ‘La Guerra de los Mundos’ en 1938 en la que todo el país
entró en pánico con la historia de cómo invasores de Marte aterrizaron en Grovers Mill, Nueva
Jersey, y comenzaron a atacar a la población local. La ficción de los reportes de violencia hechos
por los testigos y la inhabilidad de nuestras fuerzas militares para detener a las criaturas era gráfica.
Ellos mataban a cualquiera que se cruzara en su camino, el narrador Orson Welles dijo en el
micrófono, cuando estas criaturas en sus máquinas de guerra comenzaron su marcha hacia Nueva
York. El nivel de terror esa noche de Halloween de la emisión fue tan intenso y la milicia tan incapaz
de proteger a los residentes locales que la policía fue agobiada por llamadas telefónicas. Fue como
si todo el país se hubiera vuelto loco y la autoridad misma hubiera comenzado a desenmarañarse”.
Así, cuando a Corso se le dio en 1961 lo que con frecuencia llamaba “el archivo nuez” (the nut file),
el gabinete que contenía los restos del choque de Roswell, ya se había decidido hace tiempo que
los extraterrestres eran hostiles y que el país tenía una urgente necesidad de desarrollar armas que
verdaderamente pudieran hacer algún daño a los OVNIS si alguna vez hubiera una guerra entre la
humanidad y los extraterrestres. Y todo el negocio tenía que ser conducido en secreto para prevenir
el pánico público que críticamente deshabilitaría cualquier esfuerzo para resistir la temida invasión.
El lugar obvio para comenzar, dijo Corso, sería analizar y después duplicar algunos de los artefactos
que habían sido reunidos después del choque de Roswell. El término usado era “ingeniería inversa”,
lo cual tenía la intención de averiguar cómo funcionaba la tecnología extraterrestre y después usarla
para ventaja militar. Si pudiéramos regresar a los extraterrestres lo que intentaban darnos, entonces
tal vez tendríamos una oportunidad de mantenernos en una guerra con los OVNIS.
Junto con su oficial de comando, Tentiente General Arthur G. Trudeau, Corso dijo que él desarrolló
un plan para “sembrar” los artefactos tecnológicamente avanzados en los contratistas de defensa
que ya estaban trabajando en proyectos similares. Pero esto tenía que ser hecho, en mayor parte,
sin decirles a los científicos involucrados de dónde habían venido los artefactos. La idea era vaciar
la tecnología extraterrestre en la vuelta de investigación que ya estaba en marcha, ocultando su
origen extraterrestre. Luciría como si el producto final hubiera sido desarrollado por los científicos
extraterrestres en el curso natural de su trabajo, dijo Corso. El Ejército ofrecería dar fondos para
todo el trabajo e incluso les permitiría a los varios contratistas patentar los productos resultantes
ellos mismos.
“Como el General Twining había sugerido en su reporte a la Fuerza Aérea Armada”, dijo Corso, “la
‘tecnología extranjera’ era la categoría en la cual la investigación sobre los artefactos extraterrestres
de Roswell tenía que ser delegada. La tecnología extranjera era uno de los grandes términos,
abarcando todo desde los avances de ingeniería en la investigación de la fuerza aérea francesa
sobre las aspas de helicóptero hasta los MiGs rusos capturados de Cuba. La tecnología extranjera
era la cubierta perfecta. Todo lo que tenía que hacer era averiguar qué hacer con lo que tenía”.
De acuerdo a Corso, él eventualmente averiguó a dónde llevar muchos de los restos para ingeniería
inversa. Las compañías como Bell Labs, IBM, Dow Corning y Hughes Aircraft subsecuentemente
administradas para crear nuevos logros que le dio a los EE.UU. un decidido límite en una respuesta
militar proyectada para los extraterrestres.
Entre los productos que Corso dice resultaron de los restos de Roswell fueron:
1.Intensificadores de imagen, lo cual finalmente se convirtió en “visión nocturna”.
2.Fibras ópticas
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3.Fibras superresistentes
4.Láser
5.Aleaciones metálicas de alineamiento molecular
6.Circuitos integrados y micro miniaturización de tarjetas lógicas
7.HARP (Proyecto de Investigación de Altitud Elevada)
8.El Proyecto Horizonte (un intento de vender al gobierno en la necesidad de construir una base
militar en la luna para competir tanto con los rusos como con los extraterrestres).
9.Generadores atómicos portátiles (manejo de propulsión de iones)
10.Comida irradiada.
11.Sistemas de guía “Tercer Cerebro” (basados en las bandas para la cabeza que se reportaron
que usaban los extraterrestres)
12.Rayos de partículas (armas de energías antimisil “Star Wars”)
13.Sistemas de propulsión electromagnética
14.Proyectiles de uranio agotados
Corso tenía acceso a la mayoría de los científicos prominentes en los campos relacionados al
desarrollo de la tecnología listada arriba. Pero uno es forzado a preguntar si él está diciendo la
verdad absoluta en relación a los dos científicos que nunca habían reconocido públicamente que
sabían algo en lo absoluto acerca del choque de Roswell.
Uno de los científicos es el Dr. Wilbert Smith, quien, de acuerdo a Corso, escribió un memorando en
1950 que movió al gobierno de Canadá para investigar la naturaleza de la tecnología extraterrestre
que los Estados Unidos habían recuperado de los vehículos extraterrestres estrellados.
Corso dijo que si oficial de comando, el General Trudeau, había bromeando en que aunque Smith
supiera que habíamos adquirido tecnología en Roswell, en realidad no sabría lo que era.
“No puedo esperar para ver su cara cuando abras tu maletín en frente de él, Phil”, dijo el general,
pensando acerca de cómo su viejo amigo siempre había querido saber las especificaciones de lo
que había mantenido en secreto en 1947.
El problema es, y esto también es verdadero en las afirmaciones que hace Corso acerca del
Profesor Herman Oberth en su libro, nunca hubo ninguna afirmación pública hecha por ningún
científico acerca de tener cualquier conocimiento previo en lo absoluto sobre Roswell. Aun cuando
ellos hablaron en contextos en los que ellos no estaban escondiendo nada, la idea de que tuvieran
conocimiento acerca del choque o de la tecnología que más tarde se produjo, no aparece en ningún
lado en el reporte público.
Corso también narra conversaciones con personajes como el entonces Procurador General Robert
F. Kennedy y J. Edgar Hoover, quienes estaban en una desesperada necesidad de la inteligencia
que él tenía para ofrecer. Él incluso afirma haber sido la persona que divulgó la elaboración de los
misiles nucleares rusos en Cuba a la prensa en octubre de 1962, creando así la Crisis del Misil
cubano. El Presidente Kennedy se había estado rehusando a tomar acción acerca de los misiles
rusos que estaban siendo enviados a Cuba, nos dice Corso, porque el estaba recibiendo reportes de
inteligencia falsos de la CIA, cuya verdadera lealtad era a la KGB. Por su propia cuenta, fue Corso
quien había dado el paso y salvado el día.
En cualquier caso, después de muchos años de sudor y tensión, la buena experiencia del antiguo
americano, eventualmente llevó a esa lista de 14 “inventos” mencionados anteriormente. La valentía
de Ronald Reagan en la lucha por la Iniciativa de Defensa Estratégica en contra de un gran trato de
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resistencia política llevó a la nación a tener una defensa militar en el espacio exterior en contra de
una invasión extraterrestre. Corso mantiene que la implementación del proyecto “Star Wars” llevó al
final de la Guerra Fría. Y, mientras que ni Reagan ni el Jefe Mikail Gorbachev lo dijeron tan
públicamente, los EE.UU. y Rusia ahora presentan un frente unido en contra del enemigo común
extraterrestre. La paranoia que había existido entre los dos países desde el final de la Segunda
Guerra Mundial ahora había dado un camino para determinar el pelear juntos por el bien de la
humanidad como un todo.
“Estas criaturas no eran seres extraterrestres benevolentes”, dijo Corso, “que habían venido para
iluminar a los seres humanos. Ellos eran autómatas humanoides genéticamente alterados,
entidades biológicas clonadas, en realidad, que estaban cosechando especimenes biológicos en la
Tierra para su propia experimentación. Tanto tiempo como no fuéramos capaces de defendernos a
nosotros mismos, teníamos que permitirles introducirse como quisieran”.
“Ellos dictaron los términos”, continuó, “porque sabían que a lo que más temíamos era la
divulgación. Esconde la verdad y la verdad se convierte en tu enemigo. Revela la verdad y se
convierte en tu arma”.
Ahora que la verdad está siendo divulgada 50 años después del choque en Roswell, cuando el
enemigo extraterrestre puede ser manejado en términos militares, Corso de alguna manera se las
arregla para insinuar que debemos todo a él y su enormemente reverenciado oficial de comando, el
General Arthur Trudeau, dos pequeños hombres trabajando valientemente en sus oficinas del
Pentágono para salvar al mundo de la amenaza extraterrestre en una atmósfera de secreto, peligro
y traición. Uno no puede evitar preguntarse si él está basándolo en algo un poco confuso cuando se
refiere a su heroísmo personal, pero entonces eso sucede con frecuencia cuando un soldado
escribe sus memorias.
El Día Después de Roswell aún se las arregla para ser una interesante lectura a pesar de lo
vergonzoso que son probablemente embellecimientos de Corso. Mientras él cubre poco nuevo
terreno acerca del choque, el cubrimiento, o la subsiguiente creación de lo que el grupo de trabajo
del gobierno convino hacer con el choque y a lo que frecuentemente se refieren como “Majestic-12”,
él ofrece una narrativa lógica que explica cómo la tecnología extraterrestre recuperada del sitio del
choque fue diseminada para varios contratistas de defensa quienes se las arreglaron para producir
resultados tangibles de los prototipos que no eran de esta Tierra.
Y la pregunta que queda es de si podíamos haber desarrollado cosas como los chips de silicio para
la computadora o visores de visión nocturna (y especialmente las armas de rayo de partículas ahora
potencialmente usadas en los OVNIS justo afuera de la atmósfera) sin algún tipo de cercanía a una
cultura extraterrestre cuyos desarrollos tecnológicos indudablemente aún permanecen a muchos
años luz delante de los nuestros.
Es la tecnología “Star Wars” la que le da a Corso la mayor satisfacción, dice él, porque “usamos la
propia tecnología extraterrestre en su contra, alimentando a nuestros contratistas de defensa y
después adaptándola para usarse en sistemas de defensa relacionados con el espacio. Al final,
fuimos capaces de distribuir suficiente de la Iniciativa de Defensa Estratégica para lograr la
capacidad de derribar satélites enemigos, matar los sistemas de guía de electrón de próximos
enemigos, y deshabilitar la nave enemiga, si teníamos que hacerlo, para asumir una amenaza. Fue
la tecnología extraterrestre la que usamos: láser, armas aceleradas de rayos de partículas y una
nave equipada con características de “Esconderse”. Y al final, no solamente sobrevivimos a los
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soviéticos y terminamos la Guerra Fría, sino que forzamos un estancamiento con los extraterrestres,
quienes no eran tan invulnerables después de todo”.
Uno solamente puede esperar que si Corso está correcto en creer que los extraterrestres son
hostiles, que él está igualmente correcto en su creencia de que pueden ser detenidos por el sistema
de armas SDI él muy orgullosamente se da crédito por eso.
EL FIN
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** Derechos Reservados Crystalinks 1995-2005. Prohibido reproducir sin la previa autorizació
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