viernes, 26 de octubre de 2007
Cataluña 2030, todo en catalán
Cataluña 2030, todo en catalán
Por Marc Egea desde http://marcegea.blogspot.com/
Hagamos un viaje imaginario. Trasladémonos mentalmente a un hipotético año 2030. Centremos nuestra atención en Cataluña y observemos como, en esa época futura, la deriva nacionalista catalana ha alcanzado su cima de normalización lingüística: una sociedad en la que todo el mundo se expresa en catalán. ¿Cómo ha podido lograrse? Para conseguir esto, la imaginaria Generalitat de 2030 ha obligado a los ciudadanos, por ley, a expresarse en catalán. Los que no saben catalán son doblados mediante un sencillo sistema de traducción (se les adjudica un funcionario que les acompaña todo el día para traducirles simultáneamente cuanto dicen en castellano). Esto garantiza el éxito del resultado. En Cataluña, en 2030, el catalán es la lengua vehicular de todo el mundo.
Abandonemos el futuro y volvamos a la realidad de hoy. Pero no dejemos el esfuerzo imaginativo porque, aunque parezca extraño, nos sirve para la situación presente. Porque, aunque mucha gente lo ignore -y otra mucha trate de ignorarlo-, la situación actual de Cataluña se corresponde exactamente con la descripción efectuada para una inquietante sociedad futurista de 2030. La Ley de Política Lingüística, actualmente en vigor, reza así en su artículo 32.3:
"La señalización y los carteles de información general de carácter fijo y los documentos de oferta de servicios para las personas usuarias y consumidoras de los establecimientos abiertos al público deben estar redactados, al menos, en catalán."
Ese "Al menos" sienta las bases de la imposición descrita. Significa que en Cataluña, actualmente, en el ámbito de la actividad comercial privada, redactar solamente en catalán es legal y redactar solamente en castellano es ilegal. Es decir, el ciudadano empresario, cuando 'habla' a sus clientes a través de letreros, catálogos, facturas, etc., si lo hace en castellano debe adherir obligatoriamente al texto en castellano una traducción al catalán de lo que ha escrito. Si en el letrero, catálogo, factura, etc. no hay espacio suficiente para los dos textos, el empresario tiene que elegir. Y les recuerdo la norma: redactar solamente en catalán es legal y redactar solamente en castellano es ilegal.
La Cataluña de hoy no es diferente a la Cataluña futurista del ejemplo. Probablemente resulta menos grotesca que aquélla porque los ciudadanos castellanohablantes no andan por la calle con un funcionario traductor pegado a la espalda. Pero pensemos coherentemente. Quien acepta hoy como normal que un castellanohablante tenga que traducir, por ley, aquello que expresa por escrito, aceptará mañana como normal que un ciudadano castellanohablante deba ser traducido, por ley, cuando se exprese oralmente. El hecho es el mismo: no la promoción de un idioma minoritario sino un atropello a las libertades fundamentales. ¿Resulta más llamativa una descripción kafkiana? Describámoslo kafkianamente, pues.
Por Marc Egea desde http://marcegea.blogspot.com/
Hagamos un viaje imaginario. Trasladémonos mentalmente a un hipotético año 2030. Centremos nuestra atención en Cataluña y observemos como, en esa época futura, la deriva nacionalista catalana ha alcanzado su cima de normalización lingüística: una sociedad en la que todo el mundo se expresa en catalán. ¿Cómo ha podido lograrse? Para conseguir esto, la imaginaria Generalitat de 2030 ha obligado a los ciudadanos, por ley, a expresarse en catalán. Los que no saben catalán son doblados mediante un sencillo sistema de traducción (se les adjudica un funcionario que les acompaña todo el día para traducirles simultáneamente cuanto dicen en castellano). Esto garantiza el éxito del resultado. En Cataluña, en 2030, el catalán es la lengua vehicular de todo el mundo.
Abandonemos el futuro y volvamos a la realidad de hoy. Pero no dejemos el esfuerzo imaginativo porque, aunque parezca extraño, nos sirve para la situación presente. Porque, aunque mucha gente lo ignore -y otra mucha trate de ignorarlo-, la situación actual de Cataluña se corresponde exactamente con la descripción efectuada para una inquietante sociedad futurista de 2030. La Ley de Política Lingüística, actualmente en vigor, reza así en su artículo 32.3:
"La señalización y los carteles de información general de carácter fijo y los documentos de oferta de servicios para las personas usuarias y consumidoras de los establecimientos abiertos al público deben estar redactados, al menos, en catalán."
Ese "Al menos" sienta las bases de la imposición descrita. Significa que en Cataluña, actualmente, en el ámbito de la actividad comercial privada, redactar solamente en catalán es legal y redactar solamente en castellano es ilegal. Es decir, el ciudadano empresario, cuando 'habla' a sus clientes a través de letreros, catálogos, facturas, etc., si lo hace en castellano debe adherir obligatoriamente al texto en castellano una traducción al catalán de lo que ha escrito. Si en el letrero, catálogo, factura, etc. no hay espacio suficiente para los dos textos, el empresario tiene que elegir. Y les recuerdo la norma: redactar solamente en catalán es legal y redactar solamente en castellano es ilegal.
La Cataluña de hoy no es diferente a la Cataluña futurista del ejemplo. Probablemente resulta menos grotesca que aquélla porque los ciudadanos castellanohablantes no andan por la calle con un funcionario traductor pegado a la espalda. Pero pensemos coherentemente. Quien acepta hoy como normal que un castellanohablante tenga que traducir, por ley, aquello que expresa por escrito, aceptará mañana como normal que un ciudadano castellanohablante deba ser traducido, por ley, cuando se exprese oralmente. El hecho es el mismo: no la promoción de un idioma minoritario sino un atropello a las libertades fundamentales. ¿Resulta más llamativa una descripción kafkiana? Describámoslo kafkianamente, pues.

