jueves, 27 de diciembre de 2007
Publicado por Desconocido @ 19:29  | ARTICULOS
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De israelíes racionales e irracionales


La preferencia del gobierno de Olmert por el proceso de paz por sobre la seguridad de los ciudadanos israelíes no es única. En la práctica, es una enfermedad que comparten los gobiernos de todo el mundo libre. Los fundamentos filosóficos de esta enfermedad son similarmente comunes.

La vida en el sur de Israel es insoportable. Desde el pasado enero, de media, 6,3 morteros y misiles han sido disparados desde Gaza contra el sur de Israel a diario. Como advertía la semana pasada el Ministro de Defensa en funciones Matan Vilna’i a los líderes de las comunidades que limitan con Gaza, debido a las mejoras en el arsenal de los palestinos desde que Israel abandonara Gaza hace dos años, los palestinos ahora lanzan misiles y proyectiles con radios de acción más amplios que ponen a 130.000 israelíes bajo amenaza directa de ataque con misiles.

El miércoles, el jefe del alto mando del ejército, el General Gabi Ashkenazi, dejaba claro que si Israel quiere garantizar la integridad física de sus ciudadanos, solamente hay una cosa que puede hacer. Puede conquistar Gaza.

En un discurso en la Universidad de Tel Aviv, Ashkenazi explicaba, “Es imposible derrotar a una organización terrorista sin controlar eventualmente el territorio. La buena situación en Judea y Samaria es el resultado de nuestro control sobre la zona y no seremos capaces de lograr la victoria en el conflicto [en Gaza] simplemente con ataques desde el aire y disparos indirectos”. Presumiblemente, Ashkenazi exponía esta realidad la mañana del miércoles en la reunión del gabinete de seguridad. Pero aparentemente, no era rival para su competición.

Frente a frente contra Ashkenazi se encontraba la Ministro de Exteriores Tzipi Livni. Livni advertía a sus colegas que garantizar la integridad del sur de Israel destruiría el proceso de paz. Si Israel asegura su sur, los árabes y la administración Bush se volverán locos de verdad. Y el líder palestino “moderado” Mahmoud Abbás dará la espalda al proceso de paz y unificará sus fuerzas de Fatah entrenadas por Estados Unidos con las fuerzas de Hamas de entrenamiento iraní. El mensaje de Livni estuvo claro: el gobierno tiene que elegir entre la seguridad y el proceso de paz.

Livni ganó el debate. El proceso de paz se antepuso a la seguridad del sur de Israel.

La preferencia del gobierno de Olmert por el proceso en lugar de la sustancia no es única. En la práctica, es una enfermedad que comparten los gobiernos de todo el mundo libre. Los fundamentos filosóficos de esta enfermedad son similarmente comunes.

Los ataques del 11 de Septiembre contra Estados Unidos intensificaron un conflicto que llevaba latente desde el final de la Guerra Fría con motivo de la definición de racionalidad. Las dos formaciones enfrentadas en el debate, que ha resonado a lo largo de todo el mundo libre, pueden ser definidas como los racionalistas y racionalizadores. Cada bando ha dado su propia definición de racionalidad, y esas definiciones enfrentadas han constituido la base de las prescripciones políticas enfrentadas de los bandos desde entonces a la hora de enfrentarse a la amenaza del terrorismo islámico y sus estados patrocinadores.

Los racionalizadores incluyen a políticos como Olmert y Livni y la Secretario de Estado norteamericana Condolizza Rice, y aparatos de política y seguridad como la CIA, el Departamento de Estado, el Ministerio de Exteriores y sus homólogos de Europa.

Los racionalizadores definen racionalidad como la susceptibilidad a la presión exterior y la disposición a ser apaciguado. Según este punto de vista, si tu enemigo está dispuesto a negociar contigo, entonces es racional. Y puesto que es racional, es susceptible de ser apaciguado. Y puesto que está dispuesto a ser apaciguado, en realidad no es tu enemigo.

El National Intelligence Estimate del bloque de la Inteligencia norteamericana acerca de la capacidad nuclear de Irán y sus intenciones es un ejemplo clásico del punto de vista de los racionalizadores. El informe, que afirma que Irán detuvo su programa de armamento nuclear en el 2003 como resultado de las pruebas del programa y el escrutinio internacional que las acompañaban, concluye que “Las decisiones en Teherán están guiadas por un enfoque coste-beneficio en lugar de por una carrera a cualquier precio hacía un arma al margen de los costes políticos, económicos y militares”. Y puesto que Irán es racional, el NIE recomienda que Estados Unidos y sus aliados hagan una oferta a Irán que entrañe “alguna combinación de amenazas de escrutinio internacional intensificado y presiones, junto con oportunidades para que Irán logre su seguridad, su prestigio y sus objetivos de influencia regional de otras maneras”.

La opinión de los racionalizadores es fascinante por dos motivos. En primer lugar, su argumento esencial es que Occidente es el único responsable de determinar si el mundo disfruta de paz o si sufre los envites de una guerra. Si los estados occidentales determinan un paquete apropiado de concesiones, entonces los terroristas y sus patrocinadores estatales negociarán con ellos. Si las naciones occidentales rehúsan realizar las concesiones necesarias, entonces los terroristas y sus estados patrocinadores les atacarán y las naciones de Occidente solamente podrán culparse a sí mismas y a su obstinación.

Más allá de eso, puesto que el raciocinio árabe e islámico es únicamente una función de la voluntad occidental, la ideología de la yihad que guía a los terroristas y sus patrocinadores estatales carece de importancia. En lo que respecta a los racionalizadores no hay motivo para clausurar páginas web yihadistas o campamentos de adoctrinamiento. En realidad no hay motivo para desafiar la validez de la doctrina yihadista y sus valores en ningún sentido.

Esta opinión también está plasmada en el NIE. El informe no hace mención ninguna al dato de que el régimen de Irán fue fundado sobre los valores de la yihad. Ignora el dato de que el Presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad y sus partidarios están seguros de que fomentando el apocalipsis pueden precipitar la llegada del mesías chiíta y traer una era de dominio global islámico en un mundo en el que Estados Unidos e Israel no serán sino amargos recuerdos. Si el NIE hubiera tenido en cuenta estas opiniones ideológicas, sus autores habrían notado que tiene perfecto sentido que los ayatolás persigan armas nucleares.

Pero tener en cuenta la ideología, los valores y las aspiraciones del régimen iraní implicaría cruzar fronteras al bando opuesto, de los racionalistas. Para los racionalistas, es racional que las políticas y las acciones de un estado reflejen e impulsen sus valores, sus aspiraciones y sus creencias. En consecuencia, es esencial comprender y confrontar esas creencias, valores y aspiraciones.

Igual que las opiniones de los racionalizadores son atractivas porque ponen todo el énfasis de determinados temas de guerra y paz en manos de las naciones occidentales, las opiniones de los racionalistas no son atractivas porque asumen que el mundo libre por sí solo no puede determinar el curso de los acontecimientos. No puede influenciar la adhesión de una sociedad a las creencias y aspiraciones yihadistas. Lo mejor que puede hacer es tomar medidas para evitar que las sociedades yihadistas actúen según sus creencias.

Cuando Ashkenazi explicaba que la conquista de Gaza es el único camino para asegurar el sur de Israel, estaba presentando la definición de racionalidad del bando racionalista. Puesto que los palestinos apoyan de manera aplastante el objetivo yihadista de destruir Israel, para ellos es racional atacar a Israel mientras puedan. Puesto que Israel no puede cambiar la manera en que los palestinos comprenden el mundo y el sentido de la vida, la única manera en que puede proteger a sus ciudadanos de perder la vida es eliminar la capacidad de atacar de los palestinos.

El aspecto quizá más extraño del menosprecio de los racionalizadores a la importancia de la ideología son los extremos a los que llegan con el fin de ignorar la ideología yihadista por una parte, y de apaciguarla por la otra. Los agentes de unidades del contraterrorismo del FBI, por ejemplo son disuadidos de estudiar el Corán. Sus jefes argumentan que solamente una pequeña minoría de los musulmanes en Estados Unidos y en todo el mundo suscribe la interpretación supremacista religiosa del Corán que anima e insta al terrorismo, la masacre y la guerra a vida o muerte contra los no musulmanes, y por tanto lo que diga el Corán es irrelevante.

Pero si esto de que solamente una pequeña minoría de musulmanes piensa que el Islam es un credo supremacista político tanto como religioso es cierto, entonces los racionalizadores deberían tratar a los yihadistas reales con desprecio similar al que muestran hacia los supremacistas. Después de todo, hacerlo no debería molestar al resto de sus correligionarios, que rechazan sus opiniones. Pero sucede lo contrario.

Los agentes del FBI son sometidos a “formación en sensibilidad” por personas que son los sospechosos de sus investigaciones de contraterrorismo. El personal militar norteamericano en la bahía de Guantánamo es obligado a llevar guantes cuando tocan ejemplares del Corán pertenecientes a sus presos yihadistas.

De forma más preocupante, en su iniciativa por aplacar a esta reducida minoría irrelevante de yihadistas, funcionarios israelíes, norteamericanos y europeos dejan de lado voluntariamente sus valores centrales del estado de derecho y la libertad de expresión. En Israel, los judíos israelíes que construyen casas sin permiso son procesados con todo el peso de la ley y expulsados de sus casas. Los árabes israelíes que han construido ilegalmente ciudades enteras son ignorados por las autoridades en interés de evitar consecuencias diplomáticas o agitar pasiones.

En Estados Unidos, uno puede estar de pie en los exteriores de la Casa Blanca y quemar la bandera norteamericana sin miedo a cargos criminales. Pero si una persona dibuja un cerdo sobre un ejemplar del Corán en una biblioteca pública, es probable que se encuentre detenido por cometer un crimen de odio. Y en Europa, puede participar en una manifestación que invoca el Islam mientras llama a la destrucción de Gran Bretaña, Holanda o Dinamarca sin miedo a medidas legales, pero si publica una caricatura de Mahoma en un periódico, puede encontrarse siendo objeto de una investigación criminal y obligado a esconderse por promover el racismo .

En Israel es realmente difícil convencer a la gente de que la ideología de la yihad carece de importancia. Pero los racionalizadores tienen dos maneras más de convencer al público en general y a su base política de que ellos tienen razón al ignorar las acciones y las intenciones del enemigo y concentrar sus esfuerzos en apaciguar. En primer lugar está el factor miedo. Teniendo en cuenta la naturaleza aplastante del odio del mundo árabe e islámico hacia Israel y el pueblo judío, los racionalizadores en Israel defienden su preferencia por un proceso de paz imaginario antes que la seguridad, argumentando que Israel no puede permitirse librar una guerra. Mucho mejor que plantar cara a ese odio sobre el campo de batalla es la opción de la rendición preventiva. Como argumentan los racionalizadores, si Israel se reduce a las fronteras del armisticio de 1949, construye una enorme barrera y se esconde detrás, tal vez entonces los árabes olviden que aún estamos aquí y nos dejen en paz.

Políticamente está el hecho de que el partido Kadima del Primer Ministro Ehud Olmert fue fundado sobre la opinión de que el territorio carece de valor defensivo y de que la rendición preventiva es una estrategia nacional razonable. Reconocer que el territorio es importante o que rendir territorio a tu enemigo refuerza a tu enemigo y te debilita implicaría admitir que los principios fundamentales del Kadima están al revés. Así que Olmert y Livni y sus socios mantienen la ficción, no hacen nada por garantizar la seguridad del sur de Israel, y pretenden transferir Jerusalén, Judea y Samaria a los terroristas de Fatah.

Desde el 11 de Septiembre, los racionalizadores han ganado la mayor parte de sus batallas políticas con los racionalistas, y los resultados de sus victorias han sido tan irónicos como trágicos. Como producto del control de la política por parte de los racionalizadores, los únicos que se empeñan constantemente en la búsqueda racional de sus intereses, valores y aspiraciones son los yihadistas y los estados que los patrocinan. Por su parte, los líderes del mundo libre parecen tener intención de vivir según la observación de George Orwell, “la manera más rápida de poner fin a una guerra es perderla”.

Fuente: Diario de América. Por Caroline Glick.
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