jueves, 11 de septiembre de 2008
Publicado por Desconocido @ 13:10
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La herida abierta del WTC

Iluminación anoche en el World Trace Center de Nueva York con motivo del aniversario del 11-S. (Foto: AFP).
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Iluminación anoche en el World Trace Center de Nueva York con motivo del aniversario del 11-S. (Foto: AFP).

JULIO VALDEÓN desde Nueva York
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11 de septiembre de 2008.- A siete años de la infamia, el corazón de Nueva York sigue llagado. Aquella mañana lloramos lágrimas como puños mientras la la ciudad vertical, madre terrible, ardía hasta el tuétano. Cuna del dólar, hogar de cocodrilos, patria de Sonic Youth, Fania y el 'be-bop', marejada de razas, capital del mundo, NY amaneció maldita el 11 de septiembre de 2001. Adumbrada por el apocalipsis, del humo nacieron brazos como tenazas, dispuestos a suturar el blanco beso de la muerte.

Llegado este punto, Michael R. Bloomberg hace balance. El alcalde número 108 de Nueva York, en artículo publicado por 'The Wall Street Journal', cuestiona la tardanza de las obras. Vive picoteado por la impaciencia. Sabe que «el renacimiento del Bajo Manhattan no estará completo mientras la Zona cero continúe siendo una herida abierta». Considera que la estación diseñada por Calatrava, «amenaza con retrasar el memorial y el proyecto entero». Si siguen recortándola el español erigirá una maqueta en lugar del albratros de cincuenta metros previsto. Sus fauces debían flitrar la luz hasta el subsuelo, símbolo máximo, según Calatrava, de la renovación.

Para Bloomberg la responsabilidad debiera recaer en la alcaldía. Pero el Ayutamiento apenas tiene capacidad de maniobra. Entre las recomendaciones policiales (imaginen la legítima paranoia), los líos con las aseguradoras y el cabreo de las familias, hace meses que el New York Times comparaba el marasmo del WTC con la velocidad empleada para levantar los nuevos estadios deportivos. Ahí sí, las gruas vuelan. Sangrante claroscuro: el memorial dedicado a las víctimas no abrirá hasta 2011, con muuucha suerte, y hablamos del primero de los proyectos.

El alcalde de la ciudad de Nueva York, Michael R. Bloomberg, habla en el acto de conmemoración del 11-M. (Foto: AP).

El alcalde de la ciudad de Nueva York, Michael R. Bloomberg, habla en el acto de conmemoración del 11-M. (Foto: AP).

Muchos vecinos recuerdan que en apenas trece meses, entre 1930 y 1931, los 448,7 metros del Empire State Building coronaban las nubes. Con el pelo teñido por brasas, ahogados de vértigo, 3.500 obreros colocaron 330.000 toneladas de acero, piedra caliza y mármol. Algunas semanas levantaron hasta cinco plantas. Los viernes, al anochecer, montaban un casino entre andamios, sandías y botellines. No asistieron a la fiesta oficial, a la ceremonia de discursos, pamelas y pajaritas. Desconocemos los nombres. Cuando miles de familias peregrinaban hacia la tierra prometida de California, sufriendo como perros en el camino, en mitad de la Gran Depresión, aquellos hombres lograron que el país se sintiera vivo. Imposible cuantificar la llamarada icónica de su gesta.

Quizá las menciones al Empire hayan exasperado a Bloomberg. No aguanta más y culpa a la burocracia. Quiere que la Autoridad Portuaria asuma más compromisos. La Corporación para el Desarrollo del Bajo Manhattan debiera desmantelarse. El edificio del Deutsche Bank tendría que caer bajo la piqueta antes de un año. Los ciudadanos necesitan conocer mes a mes cual es la velocidad de los trabajos. Como explicaba el New York Times hace dos meses, (basándose en un informe de la Autoridad Portuaria), se trata de una docena de ambiciosos proyectos con un costo estimado de 15.000 millones de dólares, con más de diecinueve agencias públicas y 100 contratistas implicados. Así las cosas, el socavón sigue abierto, y con él, el horror.


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