JOSE BRECHNER
El medio preferido para la obtención de información es la Internet, abreviación de International Network, que traducida al español significa Red Internacional, y podría ser abreviada como Inter-red o Redint, pero aunque se utilice el anglicismo, sigue siendo un sustantivo común, femenino. Sin embargo por razones que exceden a mi comprensión la palabra es utilizada, como sustantivo propio, masculino.
Más allá del origen del neologismo, la Internet es el instrumento más maravilloso que se haya inventado para democratizar la información y cualquiera puede crear su blog, su website, colocar fotos o un video, y proyectarlo al mundo entero. Los chinos, están censurados de acceder a páginas que hablan de Derechos Humanos y otras libertades, y en Cuba donde la libertad de expresión está totalmente prohibida, la llaman “la enfermedad del siglo XXI”, siendo accesible a muy pocos privilegiados, previo filtraje gubernamental y con innumerables restricciones, como todo en la isla.
El idioma de la Internet es el inglés con 80 por ciento de la información editada en su jerga, le sigue el alemán con 4,5 por ciento, y el japonés con 3,1 por ciento. Se estima que apenas dos por ciento de las páginas están en español. La mayoría de los 1.463,6 millones de navegantes del ciberespacio usa el inglés.
Los internautas de acuerdo a su lenguaje nativo son: Primero los que tienen como lengua madre el inglés, 430,8 millones. Les siguen los chinos con 276,2 millones. En tercer lugar estamos los de habla hispana con 124,7 millones. En el cuarto puesto están los japoneses: 94 millones. Quintos los que hablan francés: 68,2 millones. Sextos los que hablan alemán: 61,2 millones. Séptimos árabe: 59,9 millones. Octavos portugués: 58,2 millones. Novenos coreano: 34,8 millones, y en décimo lugar están los que hablan italiano con 34,7 millones. Hay 220,9 millones más navegando el espacio virtual cuyos idiomas originales son diferentes a los mencionados.
Mientras escribo, estas estadísticas se tornarán obsoletas, y para cuando este artículo salga al público habrá millones más de nuevos internautas.
Pero de toda la información disponible en la red, ¿cómo hacemos para discernir qué es confiable o no? Todos los días recibimos emails con historias de confabulaciones, algunas tan insólitamente desquiciadas, que hacen dudar acerca de si todavía queda algo de raciocinio en el género humano.
La última conspiración en boga, que llegó al extremo de ser publicada en algunos periódicos, muestra un video con el Señor Nadie mostrando una nueva moneda en metálico llamada Amero de la que se fabricó trillones de dólares y fue acuñada a pedido, no de un gobierno, sino de un secreto grupo privado cuyo propósito es acabar con el dólar, y fue enviada de Colorado a Suiza en miles de contenedores invisibles, que pesan millones de toneladas, y se transportaron en miles de barcos y aviones que pasaron desapercibidos por las aduanas, marineros, pilotos, oficiales gubernamentales y banqueros del mundo, entre otros.
Otra conjuración más antigua, muestra en un video, que los
norteamericanos nunca llegaron a La Luna, sino que montaron una
multimillonaria parodia cinematográfica sólo para tomarnos el pelo.
Según lo publicado, es mentira que la NASA envió seis cohetes
tripulados a un costo de $135 mil millones de dólares, trajo 383,18
kilogramos de rocas, entregó muestras a los museos, laboratorios,
universidades y centros de investigación, regaló parte a 135 naciones,
y contrató a más de 100.000 científicos, médicos, ingenieros,
mecánicos, técnicos, y demás, para planear y ejecutar la misión. Los
rusos que monitoreaban todo lo que hacían sus adversarios, parece que
no existían.
Hay miles de payasadas más, algunas tan bien montadas que se
vuelven verosímiles para los más ingenuos, quienes después las pregonan
con absoluta convicción.
Cierta información es automáticamente descartable por absurda,
pero otra es manipulada hábilmente contando medias verdades, torciendo
la realidad, o mintiendo descaradamente, y es publicada en sitios que
muchas veces gozan de buena reputación o de nuestra confianza.
¿Qué debemos hacer entonces, para saber qué es creíble o no en la Internet? Para tener un juicio correcto, podemos recurrir a websites que se especializan en esclarecer lo verdadero de lo falso, y si la información no está registrada en esos sitios, hay que seguir cinco pasos para determinar la validez de lo que vemos o leemos.
Primero hay que preguntarse ¿cuál es el objetivo del autor? Todo artículo, video o lo que sea, tiene un propósito, puede ser que quiere vender algo, dar información, entretener, hacer que vuelvas a esa página, o darle reputación al creador. Algunos propósitos son más confiables que otros. Por ejemplo, si el autor está tratando de darte información o construir su reputación, los datos son más confiables, pero si quiere venderte algo debes tener cautela.
Segundo: ¿Quién es el autor? Aunque el propósito sea loable, hay que saber de quién proviene. ¿Es conocido? ¿Es digno de confianza? ¿Sabe sobre el tema? Un poco de investigación sobre el autor es esencial. Si no es conocido, hay que averiguar.
Tercero: ¿Se citan fuentes? ¿Te están dando datos y estadísticas sin ninguna evidencia que las respalde? Muchas veces se puede mencionar un libro que es falso en su contenido, de manera que la información brindada por más que tenga un respaldo bibliográfico tampoco es verídica.
Cuarto: ¿Se incluyen ejemplos? Si el artículo está escrito de forma abstracta sin detalles concretos, la información tal vez sea cierta pero no tiene ningún uso práctico. Los informes más confiables incluyen ejemplos, hechos, datos, estadísticas, o menciones de figuras relevantes que no tienen interés predeterminado en el asunto.
Quinto: ¿El artículo contradice tus conocimientos previos? En otras palabras, hay que preguntarse si los hechos publicados son reales. Si alguien quiere venderte una píldora con la que te asegura que perderás 10 kilos en un mes, tienes fundadas razones para ser escéptico porque la mayoría de las personas pueden perder solamente entre uno y dos kilos en ese tiempo. Cuando algo suena demasiado bueno para ser verdad, normalmente es mentira.
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